Las Falsas Enseñanzas de Joyce Meyer

12 Nov

meyer

El siguiente artículo fue obtenido enteramente del libro “Cristianismo en Crisis: Siglo 21” de Hank Hanegraaff. Puedes comprar este libro aquí.

No hay esperanza de que nadie vaya al cielo a menos que crea esta verdad que estoy presentando. No puede ir al cielo a menos que crea con todo su corazón que Jesús ocupó el lugar suyo en el infierno.[1]

—JOYCE MEYER

Al igual que Joel Osteen, Joyce Meyer es una figura emergente en la galaxia de la fe. Como se observa en su página en la red, Meyer «es autora de más de 80 libros», y en cuanto a 2008, «más de 12 millones de sus libros han sido distribuidos en todo el mundo». Además, su página en la red afirma:

«Joyce también tiene un programa de televisión y de radio, Enjoying Everyday Life [Disfrutando la vida diaria], que se emite en todo el mundo a una audiencia potencial de tres mil millones de personas».[2] Aunque ella presume de «un merecido PhD en teología por la Life Christian University»,[3] sus enseñanzas carecen de credibilidad espiritual de modo muy parecido a como esta universidad carece de acreditación escolar. (Otras notables lumbreras de la fe que han recibido «merecidos» títulos de la universidad de la vida incluyen al Dr. Benny Hinn, Drs. Kenneth y Gloria Copeland, y Drs. Adonica y Rodney Howard-Browne, alias camarero del Espíritu Santo.)[4]

Siguiendo el paso de Joel, Joyce tuerce el texto bíblico a fin de retratar a un indefenso paralítico en el estanque de Betesda por treinta y ocho años como un infiel y un necio. En la revisión que Joyce hace de las palabras de Jesús, el paralítico invoca una patética excusa tras otra. Sin ni siquiera una pizca de compasión, ella responde: «Yo pensaría que después de treinta y ocho años, una persona diligente y decidida podría haber gateado hasta el borde de ese estanque. Aun si ese hombre sólo se hubiese movido una pulgada al año, parece que en treinta y ocho años debiera haber sido capaz de acercarse lo bastante al borde para lanzarse rodando al agua cuando era removida».[5] (Dada la indignación que ella siente por un paralítico en el pasado, uno apenas puede imaginar el desprecio que siente por los paralíticos que encuentre en el presente.)

Meyer hace una clara distinción entre su propia fe y la del paralítico. Dice Meyer: «Treinta y ocho años es mucho tiempo para estar tumbado en algún lugar, esperando que alguien haga algo por uno. Yo habría estado en el borde de ese estanque, y al siguiente año, cuando descendiese el ángel, cuando el agua comenzase a borbotear, yo me habría tirado y habría dicho: “O bien voy a ser sanada, o voy a morir, pero no me voy a quedar así”».[6] Meyer concluye su vilipendio del paralítico con casi palabras idénticas a las utilizadas por Osteen: «A veces tenemos que levantarnos, movernos y seguir avanzando».[7] La moraleja de Meyer es esta: Si usted es paralítico o parapléjico, ¡usted es el problema! En lugar de sentir lástima por usted mismo, sencillamente «¡levántese!» Dicho de otro modo, la clave de la salud y la prosperidad está en tener fe en su fe en lugar de tener fe en su Dios.

Dice Meyer: «La fe no es decir: “Bueno, mira, yo creo en Jesús”. La fe es una fuerza que cambiará su vida y cambiará su destino».[8]

Meyer lo dejó claro diciendo: «Las palabras son contenedores de poder. Llevan poder creativo o poder destructivo, poder positivo o negativo. Y por tanto, necesitamos pronunciar cosas correctas sobre nuestra vida y sobre nuestro futuro si esperamos que sucedan cosas buenas. Porque lo que usted dice hoy es lo que probablemente terminará teniendo mañana».[9] En otras palabras, las palabras que pronunciamos crearán las futuras realidades que experimentemos.

Según Meyer, las palabras que usted pronuncia no sólo crean realidades futuras, sino que también son el medio por el cual usted «mantiene al diablo bajo sus pies».[10] En agudo contraste con el arcángel Miguel, quien «ni siquiera… cuando argumentaba con el diablo… se atrevió a pronunciar contra él un juicio de maldición, sino que dijo: ¡Que el Señor te reprenda!» (Judas 9), Meyer está bastante cómoda reprendiendo al diablo. En persona y en texto impreso, ella enseña a los seguidores a «responder al diablo».[11] Para el apóstol Pablo, ejercitar las disciplinas espirituales es la clave de ser semejante a Cristo. Para Meyer, «hablar la verdad al diablo… es la única manera de ver un cambio de mentalidad».[12] Así ella habitualmente reprende demonios, desde el espíritu de accidentes hasta el espíritu de lujuria.[13]

Al igual que Osteen, Meyer cree en las maldiciones generacionales. Así, dice en confianza que «un espíritu de incesto» ha sido transmitido por su línea de sangre familiar. En un sermón titulado «Trophies of God’s Grace» (Trofeos de la gracia de Dios), ella explica lo que cree que es el espíritu de incesto transmitido de sus abuelos a su padre. Por eso, su padre abusó sexualmente de ella y abrió la puerta para que el espíritu fuese transmitido a los hijos de ella. Meyer confesaba que ella no sabe por qué Dios permitió que un espíritu fuese transmitido por generaciones, pero de todos modos tiene confianza en que Él lo sabe.[14]

Así, ella emplea anécdotas personales para convencer a los seguidores de que los problemas que ellos afrontan en el presente pueden deberse a inclinaciones de generaciones pasadas. Como observamos anteriormente, sin embargo, la Escritura comunica claramente que consecuencias (no maldiciones) son transmitidas de generación en generación.[15] Por tanto, Meyer sufrió los horrores del abuso sexual únicamente como una consecuencia de la conducta incestuosa de su padre, y no como resultado de «un espíritu de incesto» que se transmitió por la línea de sangre de su familia.

En una publicación titulada The Most Important Decision You Will Ever Make [La decisión más importante que usted nunca tomará], Meyer difunde otra de las marcas de la teología de la fe; es decir, Jesús no sólo tuvo que sufrir en la cruz, sino que también tuvo que sufrir en el infierno a fin de que usted y yo naciéramos de nuevo. Dice Meyer: Jesús «estuvo en el sepulcro tres días. Durante ese período entró en el infierno, donde usted y yo merecíamos ir (legalmente) debido a nuestro pecado. Él pagó el precio allí».[16]

Tras tres días de tormento, continúa Meyer:

Dios se levantó de su trono y dijo a las potestades demoníacas que atormentaban al Hijo de Dios sin pecado: «Suéltenlo». Entonces el poder de resurrección del Dios Todopoderoso pasó por el infierno y llenó a Jesús. En la tierra, su sepulcro, la tumba donde lo habían enterrado, se llenó de luz cuando el poder de Dios llenó su cuerpo, y Él resucitó de la muerte: el primer hombre nacido de nuevo. La Biblia lo denomina «el primogénito entre muchos hermanos» (Romanos 8:29). Él fue el primero a fin de que ahora usted pueda ser uno de los muchos hermanos.[17]

En claro contraste con la afirmación de Meyer, la Biblia nunca dice que Jesucristo naciese de

nuevo. Además, el concepto bíblico de nacer de nuevo (Juan 3:3) se aplica únicamente a la humanidad pecadora. Mientras que la Biblia dice que Jesús fue engendrado, no dice que Él naciera de nuevo.

Cuando Juan se refiere a Cristo como «el unigénito del Padre» (Juan 1:14), estaba haciendo hincapié en la naturaleza única de nuestro Señor. Así solamente Jesús es plenamente Dios y plenamente hombre, el único y eterno Hijo del Padre. Jesús no tenía necesidad de nacer de nuevo en el infierno, porque Jesús es y siempre ha sido el eterno Hijo de Dios.

Tan estridente es Meyer al pretender que Jesús sufrió y nació de nuevo en el infierno, que en subsiguientes revisiones de su publicación original ella reitera la idea de que si no creemos que Jesús sufrió en el infierno, no tenemos absolutamente ninguna esperanza de ir al cielo. Dice Meyer:

«No hay esperanza de que alguien vaya al cielo a menos que crea esta verdad que estoy presentando. Usted no puede ir al cielo a menos que crea con todo su corazón que Jesús ocupó el lugar suyo en el infierno».[18] De modo que aunque Jesús dijo: «Padre, en tus manos encomiendo mi espíritu» (Lucas 23:46), Joyce dice: El espíritu de Cristo «fue al infierno porque es allí donde nosotros merecíamos ir».[19] Sin embargo, si hemos de tomar en serio las palabras del Salvador, Él entregó su espíritu a su Padre; Él no entregó su espíritu a Satanás. Pablo lo expresó con mucha claridad: «y despojando a los principados y a las potestades, los exhibió públicamente, triunfando sobre ellos en la cruz» (Colosenses 2:15, énfasis añadido).

Irónicamente, Meyer tiene el hábito de negar lo que afirma. Como mencionamos anteriormente, en The Most Important Decision You Will Ever Make: A Complete and Thorough Understanding of What It Means to Be Born Again, Meyer dogmáticamente afirma la idea de que, tras sufrir en el infierno por tres días, Jesús emergió como el primer hombre nacido de nuevo. Sin embargo, en una entrevista para la revista Charisma, ella negó que enseñase la teoría del Jesús nacido de nuevo, sosteniendo que era «una doctrina que ella no cree y que nunca ha enseñado».[20]

De igual modo, mientras Meyer fácilmente afirma que ella peca todo el tiempo,[21] también niega enfáticamente que sea pecadora. Dice Meyer: «Yo no dejé de pecar hasta que finalmente metí en mi tozuda cabeza que ya no era una pecadora. Y el mundo religioso piensa que eso es herejía, y quieren colgarte por ello. Pero la Biblia dice que yo soy justa, y no puedo ser justa y pecadora al mismo tiempo».[22] Si ella fuese pecadora, según sostiene Meyer, anularía la muerte misma de Cristo en la cruz:

«Yo no soy pobre, no soy desgraciada, y no soy una pecadora. Esa es una mentira que viene del infierno mismo. Eso es lo que yo era, y si lo siguiera siendo, entonces Jesús murió en vano».[23]

Meyer no sólo se contradice a sí misma a este respecto, sino que también contradice la Escritura.

Aunque posicionalmente somos justos delante de Dios, por la justicia de Cristo, prácticamente somos aún pecadores. El apóstol Juan dijo: «Si afirmamos que no hemos pecado, lo hacemos pasar por mentiroso y su palabra no habita en nosotros» (1 Juan 1:10). Lejos de sugerir que él no era un pecador, el mismo apóstol que escribió dos terceras partes de las epístolas del Nuevo Testamento clamó: «Yo sé que en mí, es decir, en mi naturaleza pecaminosa, nada bueno habita. Aunque deseo hacer lo bueno, no soy capaz de hacerlo. De hecho, no hago el bien que quiero, sino el mal que no quiero» (Romanos 7:18-19). Aunque los creyentes están cubiertos con la justicia de Cristo, aún son pecadores y lo serán hasta el día en que sean glorificados. Lutero retrató de modo gráfico esta realidad cuando se refirió a los cristianos como «estiércol cubierto de nieve».[24]

A veces, las enseñanzas de Meyer parecen en cierta manera tontas. «Cuando estamos alabando y adorando a Dios», dice, «realmente hay un olor que sale de nosotros que es ofensivo para el enemigo. Y yo no sé si ha tenido usted alguna vez la oportunidad de oler a una persona poseída por demonios, pero yo sí, y le digo que es un hedor… las personas que están poseídas tienen un olor ofensivo para mí, y estoy contenta de que, por estar yo poseída por el Espíritu Santo, tengo un olor ofensivo para el diablo».[25]

En otras ocasiones, las aberraciones doctrinales de Meyer son singularmente graves. Es así particularmente con respecto a su afirmación de que Dios creó a los hombres como pequeños dioses». Como explica Meyer: «Si usted, como ser humano, tiene un bebé, lo denomina del género humano. Si un animal tiene otro animal, se le llama del género animal. Lo que quiero decir es: ¿cómo ha de llamarnos Dios? ¿Acaso no dice la Biblia que fuimos creados a su imagen? Ahora bien, ya me entienden, no estoy diciendo que ustedes sean Dios con mayúscula». Meyer parece ser perfectamente consciente del hecho de que está en terreno frágil. Por tanto, añade: «¡No vayan a intentar apedrearme o gritarme blasfemias!»[26]

Aunque sin duda parecería que la afirmación de Meyer roza la blasfemia, una cosa es segura: Es cualquier cosa menos bíblica. Aunque somos «hijos» del Altísimo, no somos hijos por naturaleza; somos hijos por adopción (Gálatas 4.5-8). Solamente puede decirse de Cristo mismo que tiene la naturaleza de Dios. Como tal, solamente Cristo es el Hijo unigénito (monogenes) del Padre. Que los seres humanos son creados a imagen de Dios sencillamente significa que comparten, de modo finito e imperfecto, los atributos incomunicables de Dios. De nuevo, no abordaré el punto aquí, ya que lo hago en la parte 3 titulada «Pequeños dioses». Baste decir por ahora que en la Biblia ningún lugar enseña la doctrina de Meyer de los «pequeños dioses».

Unas últimas palabras con respecto al subjetivismo de Meyer antes de que sigamos avanzando:

Meyer está convencida de que Dios no le permitiría caer en el error sin antes hacer sonar una alarma. En palabras de ella: «Si yo accidentalmente, o de cualquier otra forma, caigo en error, voy a tener una campana en mi interior que sonará tan fuerte que no sólo yo voy a oírla, sino también todos los demás».[27] Si Meyer hubiera estado verdaderamente aferrada al texto de la Escritura, sin duda alguna habría oído el toque de la campana.

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[1] Joyce Meyer, The Most Important Decision You Will Ever Make: A Complete and Thorough Understanding of What It Means to Be Born Again (Fenton, MO: Life in the Word, 1991), p. 37.

[2] En http://www.joycemeyer.org/AboutUs/AboutJoyce, acceso obtenido el 5 julio 2008.

[3] Ibid.

[4] Life Christian University portal, “Questions”, en http://www.lcus.edu/questions.htm, acceso obtenido 5 julio 2008.

[5] Joyce Meyer, Eight Ways to Keep the Devil Under Your Feet (Nueva York: Warner Faith, 2002), p. 27.

[6] Ibid., p. 28.

[7] Ibid., p. 30.

[8] Meyer, “Interrupting Satan’s Plan: Releasing the Supernatural Power of God Through Prayer”, cinta 3 de la serie titulada: “Violent Christians in a Violent Society”, grabada en San José, California, 19 julio 2001.

[9] Después, en un capítulo titulado «Watch Your Mouth”, Meyer escribe: «Las palabras son recipientes de poder. Llevan poder creativo o poder destructivo» (Meyer, Eight Ways, pp. 87–88).

[10] Véase Meyer, Eight Ways.

[11] Ibid., p. 95.

[12] Ibid., p. 151.

[13] Por ejemplo, con respecto a accidentes cercanos en el estacionamiento de un restaurante de comida rápida, Meyer escribe: «Yo reprendo el espíritu de accidentes, ¡en el nombre de Jesús! Creo que hay ciertas potestades y principados sobre ciertas áreas. ¡Aquellos reclamos eran ataques del diablo!»

[14] Joyce Meyer, Trophies of God’s Grace, parte 1 (Fenton, MO: Joyce Meyer Ministries, 1991), cinta de audio.

[15] Véase, por ejemplo, Ezequiel 18.2–4, 20.

[16] Meyer, The Most Important Decision You Will Ever Make: A Complete and Thorough Understanding of What It Means to Be Born Again (Tulsa: Harrison House, 1996), p. 41.

[17] Ibid., p. 42 (énfasis en el original).

[18] Meyer, The Most Important Decision You Will Ever Make (1991), p. 37. En la edición de 1996, Meyer suprimió las palabras «en el infierno» de este pasaje en particular; pero dos párrafos antes, dentro del mismo contexto, ella retuvo la frase (como en su edición de 1991): «Por tanto, lo pusieron; es decir, su cuerpo, en un sepulcro, y su espíritu fue al infierno porque es ahí donde nosotros merecíamos ir». Y dentro del mismo capítulo, titulado “What Should You Believe?”, aún dentro del mismo contexto, Meyer escribe: «Crea que Jesús hizo lo que la Biblia dice… Él estuvo tres días en el sepulcro. Durante ese período, Él entró en el infierno, donde usted y yo merecíamos ir (legalmente) debido a nuestro pecado. Él pagó el precio allí… Jesús pagó en la cruz y fue al infierno en mi lugar… Jesús fue al infierno por usted. Él pagó por los pecados suyos… Cuando se pagó la factura y toda nuestra deuda fue completamente cancelada, el Padre lo resucitó de la muerte. Pero hasta que eso sucedió, Él estuvo solo por tres días satisfaciendo al tribunal de justicia y conquistando las huestes del infierno» (pp. 41, 43, 44, énfasis en el original).

[19] Meyer, The Most Important Decision You Will Ever Make (1996), p. 43.

[20] Ken Walker, “The Preacher Who Tells It Like It Is”, Charisma, noviembre 1998, p. 55.

[21] Véase la entrevista de Todd Wilken a Joyce Meyer, Issues Etc., KFUO Radio, 23 mayo 2005.

[22] Joyce Meyer, From the Cross to the Throne (St. Louis: Life Christian Center, s.f.), cinta de audio.

[23] Ibid., énfasis añadido.

[24] Lutero describió al cristiano como «simultáneamente justo y pecador» (Simul Iustus et Peccator), especialmente sobre la base de Romanos 4.

[25] Joyce Meyer, Enjoying Everyday Life, 16 julio 2002.

[26] YouTube, “Joyce Meyer—Little Gods” ( http://www.youtube.com/watch?v=7Y4eVu2oxP8 ), acceso obtenido 12 julio 2007.

[27] Joyce Meyer, “Witchcraft & Related Spirits” (parte 1), s.f.

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