Los Errores de T. D. Jakes

21 Nov

jakes

El siguiente artículo fue obtenido enteramente del libro “Cristianismo en Crisis: Siglo 21” de Hank Hanegraaff. Puedes comprar este libro aquí.

Mientras Jesús hablaba en la cruz no podía morir. Solamente cuando cerró su boca e inclinó su cabeza hacia su hombro pudo llegar la muerte y tomarlo, porque Él tenía tanta vida en su boca que, mientras estuviera hablando, la muerte no podía acercarse a Él.[1]

—T. D. JAKES

Cuando la conversación es sobre dinero, Theodore Dexter Jakes tiene pocos iguales. «Que alguien saque su cartera», ordena. «Sáquela ahora mismo, sáquela ahora mismo, sáquela ahora mismo, sáquela ahora mismo, téngala en su mano y sosténgala. Aleluya. Su cartera, su chequera, Dios dijo: Yo sanaré su dinero».[2]

La pregunta es: ¿cómo? Respuesta: Sólo saque su cartera. Sólo entregue su semilla. Jakes «orará por su semilla» y, dice Jakes, usted «experimentará aumento» Según Jakes: «Hay ciertas verdades que trascienden a todos los principios»,[3] y ofrendar para obtener es una de ellas: «Sería ridículo para mí orar que Dios le devolviera a usted su dinero, porque si lo único que Él fuese a hacer fuera devolvérselo, entonces usted debiera quedárselo… ¡Eso es ridículo! Si usted tuviera cien dólares, o mil dólares, y fuese a obtener mil dólares, le digo que ya está sin nada. Podría haberse guardado los mil dólares y no pasar ningún problema».[4] Esto, sin embargo, está lejos de lo que Jakes califica de «cierta verdad». Como Moisés comunicó a los hijos de Israel, damos para aprender «a temer siempre al Señor tu Dios» (Deuteronomio 14:23). Damos a fin de poder satisfacer las necesidades físicas de los menos afortunados. En última instancia, damos a fin de poder extender su reino. En breve, sugerir que es «ridículo» dar sin esperar nada, contrariamente a dar para recibir, es ridículo en sí mismo.

A pesar de recorrer toda la gama desde lo ridículo hasta lo extraño, el obispo Jakes (él es viceprelado de la Junta Ejecutiva Nacional de Obispos en Oneness Pentecostal, organización de iglesias conocida como Higher Ground Always Abounding Assembly)[5] se las ha arreglado para obtener aclamación internacional. Un artículo en el New York Times llegó hasta el extremo de situarlo en la lista como uno de los cinco posibles candidatos a suceder a Billy Graham como el «evangelista nacional» de Estados Unidos.[6] Él fue el tema de una historia de portada del Christian Research Journal en 1999 y también en 2007.[7] Y un artículo en Time lo calificó como «uno de los eruditos más prodigiosos de la religión». El artículo pasó a observar que «sus libros, comenzando con su importante volumen inspiracional, Woman, Thou Art Loosed! [Mujer, ¡eres libre!], han vendido millones de ejemplares. Su mega iglesia, Potter’s House, con 26.000 miembros en el sur de Dallas atrajo a George W. Bush y a Al Gore antes de las elecciones de 2000. Jakes es cantante nominado a los premios Grammy y tiene un acuerdo con Hallmark para una línea de tarjetas inspiracionales con el tema «Libera tu espíritu». Predica regularmente a millones de personas en los canales Black Entertainment Television y Trinity Broadcasting Network.[8]

Jakes es igualmente prolífico en proclamaciones con respecto al poder de la lengua. Dice Jakes:

«Tienen que tener cuidado con lo que dicen, porque el poder de la vida y la muerte está en su lengua».[9] Por tanto, el ciego Bartimeo fue sanado no por el poder de Cristo sino por el poder de la confesión. De hecho, según Jakes, «Jesús estaba diciendo: “Mis manos están atadas porque no puedo hacer nada más por ti que lo que tú dices”».[10] A la inversa, dice Jakes: «Si el poder de la vida y la muerte está en la lengua y uno puede tener cualquier cosa que diga, es momento que usted ¡lo declare! ¡lo diga! ¡lo confiese! ¡saque su lista!»[11] Aun el Jesús de Jakes parece sujeto al poder de la lengua:

«Mientras Jesús hablaba en la cruz no podía morir. Solamente cuando cerró su boca e inclinó su cabeza hacia su hombro pudo llegar la muerte y tomarlo, porque Él tenía tanta vida en su boca que, mientras estuviera hablando, la muerte no podía acercarse a Él».[12] En otras palabras, Jesús no dejó de hablar porque murió; murió porque dejó de hablar.

A pesar de sus convicciones con respecto al poder de las palabras, Jakes reduce las diferencias entre pentecostales trinitarios y unitarios a una mera «cuestión de semántica».[13] Esto a pesar de la creencia de los pentecostales unitarios de que, a menos que uno sea bautizado utilizando la fórmula correcta, ni siquiera es salvo. Su convicción de que hay que bautizar solamente en el nombre de Jesús no sólo los llevó a distanciarse del pentecostalismo ortodoxo, sino que también ha llevado al mayor error de que Jesús es Él mismo Padre, Hijo y Espíritu Santo; o como acostumbra a decir Jakes: un Dios en tres «manifestaciones». Además, los seguidores del unionismo menosprecian la doctrina de la Trinidad considerándola una filosofía pagana politeísta.

Ciertamente, la Trinidad ni es politeísmo pagano ni filosofía pagana. Por el contrario, tiene base bíblica. La Escritura revela claramente distinciones personales dentro de la Deidad. Por tanto, el Padre dice del Hijo: «Tu trono, oh Dios, permanece por los siglos de los siglos» (Hebreos 1:8); y el Hijo dice del Padre: «Uno de mis testigos soy yo mismo, y el Padre que me envió también da testimonio de mí» (Juan 8:18). Además, el hecho mismo de que Jesús ore al Padre demuestra que Jesús no puede ser reducido meramente a una manifestación del Padre. Aunque seguidores del unitarismo frecuentemente me dicen que eso se explica por la idea de que la naturaleza humana de Jesús ora a su naturaleza divina, ese, con toda claridad, no es el caso; las naturalezas no pueden orar, solamente pueden hacerlo las personas.

Jakes de inmediato destaca que su creencia en un sólo Dios, que se manifiesta a sí mismo como Padre en la creación, como Hijo en la redención y como Espíritu Santo en la regeneración (contrariamente a ser un Dios revelado en tres personas que son eternamente distintas), no se deriva de sus asociaciones con el unitarismo sino más bien se deriva del texto de la Escritura. Por tanto, afirma:

«El apóstol Pablo mismo utilizó este término [“manifestaciones”] refiriéndose a la Deidad en 1 Timoteo 3:15 [sic], 1 Corintios 12:7 y 1 Juan 3:5-8 [sic]. Pedro también utilizó el término en 1 Pedro 1:20».[14] Este, sin embargo, es un claro caso de ofuscación. A primera vista puede sonar plausible, pero al examinarlo queda claro que Jakes ha sacado de contexto los textos en cuestión y los ha utilizado como pretextos para sus inclinaciones hacia el unitarismo. Además, ninguno de esos textos se relaciona con deshacer la naturaleza de la Deidad. Tres de los cuatro hablan de la manifestación de Cristo en forma corporal, y el cuarto (1 Corintios 12:7) habla de la manifestación del Espíritu mediante los dones espirituales.

Jakes no sólo cree que Dios se manifiesta como Padre, Hijo y Espíritu Santo, sino que también afirma que Dios «se manifiesta a sí mismo de muchas formas diferentes». Dice Jakes: «Él siguió convirtiéndose en materia… Se hizo codorniz y comenzó a volar por el aire… Se hizo agua, salió a borbotones de una roca… Se hizo árbol y endulzó el agua amarga. Quiero decir que Él siguió convirtiéndose en materia. ¡Un Dios manifestándose en muchas formas!»[15]

En resumen, Jakes, en consonancia con la mayoría de maestros de la fe, promueve una mentalidad de dar para obtener, tiene el hábito de distorsionar los claros significados de los pasajes, y considera la palabra hablada como aun más poderosa que la Palabra hecha carne. Como observamos anteriormente, él llega hasta a poner las siguientes palabras en boca del Mesías: «Mis manos están atadas porque no puedo hacer nada más por ti que lo que tú dices». Quizá su mayor error, sin embargo, es utilizar lenguaje trinitario a la vez que adjudica significados indudablemente no bíblicos a las palabras.

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[1] T. D. Jakes, Potter’s House, Trinity Broadcasting Network, 7 junio 2004.

[2] T. D. Jakes, Potter’s House, Trinity Broadcasting Network, 23 febrero 2004.

[3] T. D. Jakes, Praise the Lord: Praise-a-Thon, Trinity Broadcasting Network, 5 noviembre 2003.

[4] T. D. Jakes, Praise the Lord: Praise-a-Thon, Trinity Broadcasting Network, 12 noviembre 2001, énfasis añadido.

[5] Véase http://w ww.highergroundaaa.com/listing.htm, acceso obtenido 1 agosto 2008.

[6] Gustav Niebuhr y Laurie Goodstein, “The Preachers: A Special Report: New Wave of Evangelists Vying for National Pulpit”, The New York Times, 1 enero 1999, archivado en http://www.nytimes.com.

[7] Jerry L. Buckner, “The Man, His Ministry, and His Movement: Concerns About the Teachings of T. D. Jakes”, Christian Research Journal, vol. 22, no. 2 (1999), en http://www.equip.org; Bob Hunter, “Christianity Still in Crisis: A Word of Faith Update”, Christian Research Journal, vol. 30, no. 3 (2007), en http://www.equip.org. Véase también Elliot Miller, “T. D. Jakes Responds to the Journal”, Christian Research Journal, vol. 22, no. 3 (1999), en http://www.equip.org.

[8] David Van Biema, “Spirit Raiser”, Time, 17 septiembre 2001, en http://www.time.com/time/printout/0,8816,1000836,00.html, acceso obtenido 16 julio 2008.

[9] T. D. Jakes, The Potter’s House, Trinity Broadcasting Network, 7 junio 2004.

[10] T. D. Jakes, The Potter’s House, Trinity Broadcasting Network, 3 diciembre 2001.

[11] Ibid.

[12] T. D. Jakes, The Potter’s House, Trinity Broadcasting Network, 7 junio 2004.

[13] Véase Elliot Miller, “T. D. Jakes Responds to the Journal”, Christian Research Journal, vol. 22, no. 3 (1999), en

http://www.equip.org.

[14] T. D. Jakes, “My Views on the Godhead: Jakes Responds to Christianity Today Article, Apologetics Journal Criticizes Jakes”, christianitytoday.com, 1 febrero 2000 (http://www.christianitytoday.com/ct/2000/februaryweb-only/13.0b.html, acceso obtenido 1 agosto 2008).

[15] T. D. Jakes, The Potter’s House, Trinity Broadcasting Network, 20 junio 1999.

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Las Falsas Enseñanzas de Joyce Meyer

12 Nov

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El siguiente artículo fue obtenido enteramente del libro “Cristianismo en Crisis: Siglo 21” de Hank Hanegraaff. Puedes comprar este libro aquí.

No hay esperanza de que nadie vaya al cielo a menos que crea esta verdad que estoy presentando. No puede ir al cielo a menos que crea con todo su corazón que Jesús ocupó el lugar suyo en el infierno.[1]

—JOYCE MEYER

Al igual que Joel Osteen, Joyce Meyer es una figura emergente en la galaxia de la fe. Como se observa en su página en la red, Meyer «es autora de más de 80 libros», y en cuanto a 2008, «más de 12 millones de sus libros han sido distribuidos en todo el mundo». Además, su página en la red afirma:

«Joyce también tiene un programa de televisión y de radio, Enjoying Everyday Life [Disfrutando la vida diaria], que se emite en todo el mundo a una audiencia potencial de tres mil millones de personas».[2] Aunque ella presume de «un merecido PhD en teología por la Life Christian University»,[3] sus enseñanzas carecen de credibilidad espiritual de modo muy parecido a como esta universidad carece de acreditación escolar. (Otras notables lumbreras de la fe que han recibido «merecidos» títulos de la universidad de la vida incluyen al Dr. Benny Hinn, Drs. Kenneth y Gloria Copeland, y Drs. Adonica y Rodney Howard-Browne, alias camarero del Espíritu Santo.)[4]

Siguiendo el paso de Joel, Joyce tuerce el texto bíblico a fin de retratar a un indefenso paralítico en el estanque de Betesda por treinta y ocho años como un infiel y un necio. En la revisión que Joyce hace de las palabras de Jesús, el paralítico invoca una patética excusa tras otra. Sin ni siquiera una pizca de compasión, ella responde: «Yo pensaría que después de treinta y ocho años, una persona diligente y decidida podría haber gateado hasta el borde de ese estanque. Aun si ese hombre sólo se hubiese movido una pulgada al año, parece que en treinta y ocho años debiera haber sido capaz de acercarse lo bastante al borde para lanzarse rodando al agua cuando era removida».[5] (Dada la indignación que ella siente por un paralítico en el pasado, uno apenas puede imaginar el desprecio que siente por los paralíticos que encuentre en el presente.)

Meyer hace una clara distinción entre su propia fe y la del paralítico. Dice Meyer: «Treinta y ocho años es mucho tiempo para estar tumbado en algún lugar, esperando que alguien haga algo por uno. Yo habría estado en el borde de ese estanque, y al siguiente año, cuando descendiese el ángel, cuando el agua comenzase a borbotear, yo me habría tirado y habría dicho: “O bien voy a ser sanada, o voy a morir, pero no me voy a quedar así”».[6] Meyer concluye su vilipendio del paralítico con casi palabras idénticas a las utilizadas por Osteen: «A veces tenemos que levantarnos, movernos y seguir avanzando».[7] La moraleja de Meyer es esta: Si usted es paralítico o parapléjico, ¡usted es el problema! En lugar de sentir lástima por usted mismo, sencillamente «¡levántese!» Dicho de otro modo, la clave de la salud y la prosperidad está en tener fe en su fe en lugar de tener fe en su Dios.

Dice Meyer: «La fe no es decir: “Bueno, mira, yo creo en Jesús”. La fe es una fuerza que cambiará su vida y cambiará su destino».[8]

Meyer lo dejó claro diciendo: «Las palabras son contenedores de poder. Llevan poder creativo o poder destructivo, poder positivo o negativo. Y por tanto, necesitamos pronunciar cosas correctas sobre nuestra vida y sobre nuestro futuro si esperamos que sucedan cosas buenas. Porque lo que usted dice hoy es lo que probablemente terminará teniendo mañana».[9] En otras palabras, las palabras que pronunciamos crearán las futuras realidades que experimentemos.

Según Meyer, las palabras que usted pronuncia no sólo crean realidades futuras, sino que también son el medio por el cual usted «mantiene al diablo bajo sus pies».[10] En agudo contraste con el arcángel Miguel, quien «ni siquiera… cuando argumentaba con el diablo… se atrevió a pronunciar contra él un juicio de maldición, sino que dijo: ¡Que el Señor te reprenda!» (Judas 9), Meyer está bastante cómoda reprendiendo al diablo. En persona y en texto impreso, ella enseña a los seguidores a «responder al diablo».[11] Para el apóstol Pablo, ejercitar las disciplinas espirituales es la clave de ser semejante a Cristo. Para Meyer, «hablar la verdad al diablo… es la única manera de ver un cambio de mentalidad».[12] Así ella habitualmente reprende demonios, desde el espíritu de accidentes hasta el espíritu de lujuria.[13]

Al igual que Osteen, Meyer cree en las maldiciones generacionales. Así, dice en confianza que «un espíritu de incesto» ha sido transmitido por su línea de sangre familiar. En un sermón titulado «Trophies of God’s Grace» (Trofeos de la gracia de Dios), ella explica lo que cree que es el espíritu de incesto transmitido de sus abuelos a su padre. Por eso, su padre abusó sexualmente de ella y abrió la puerta para que el espíritu fuese transmitido a los hijos de ella. Meyer confesaba que ella no sabe por qué Dios permitió que un espíritu fuese transmitido por generaciones, pero de todos modos tiene confianza en que Él lo sabe.[14]

Así, ella emplea anécdotas personales para convencer a los seguidores de que los problemas que ellos afrontan en el presente pueden deberse a inclinaciones de generaciones pasadas. Como observamos anteriormente, sin embargo, la Escritura comunica claramente que consecuencias (no maldiciones) son transmitidas de generación en generación.[15] Por tanto, Meyer sufrió los horrores del abuso sexual únicamente como una consecuencia de la conducta incestuosa de su padre, y no como resultado de «un espíritu de incesto» que se transmitió por la línea de sangre de su familia.

En una publicación titulada The Most Important Decision You Will Ever Make [La decisión más importante que usted nunca tomará], Meyer difunde otra de las marcas de la teología de la fe; es decir, Jesús no sólo tuvo que sufrir en la cruz, sino que también tuvo que sufrir en el infierno a fin de que usted y yo naciéramos de nuevo. Dice Meyer: Jesús «estuvo en el sepulcro tres días. Durante ese período entró en el infierno, donde usted y yo merecíamos ir (legalmente) debido a nuestro pecado. Él pagó el precio allí».[16]

Tras tres días de tormento, continúa Meyer:

Dios se levantó de su trono y dijo a las potestades demoníacas que atormentaban al Hijo de Dios sin pecado: «Suéltenlo». Entonces el poder de resurrección del Dios Todopoderoso pasó por el infierno y llenó a Jesús. En la tierra, su sepulcro, la tumba donde lo habían enterrado, se llenó de luz cuando el poder de Dios llenó su cuerpo, y Él resucitó de la muerte: el primer hombre nacido de nuevo. La Biblia lo denomina «el primogénito entre muchos hermanos» (Romanos 8:29). Él fue el primero a fin de que ahora usted pueda ser uno de los muchos hermanos.[17]

En claro contraste con la afirmación de Meyer, la Biblia nunca dice que Jesucristo naciese de

nuevo. Además, el concepto bíblico de nacer de nuevo (Juan 3:3) se aplica únicamente a la humanidad pecadora. Mientras que la Biblia dice que Jesús fue engendrado, no dice que Él naciera de nuevo.

Cuando Juan se refiere a Cristo como «el unigénito del Padre» (Juan 1:14), estaba haciendo hincapié en la naturaleza única de nuestro Señor. Así solamente Jesús es plenamente Dios y plenamente hombre, el único y eterno Hijo del Padre. Jesús no tenía necesidad de nacer de nuevo en el infierno, porque Jesús es y siempre ha sido el eterno Hijo de Dios.

Tan estridente es Meyer al pretender que Jesús sufrió y nació de nuevo en el infierno, que en subsiguientes revisiones de su publicación original ella reitera la idea de que si no creemos que Jesús sufrió en el infierno, no tenemos absolutamente ninguna esperanza de ir al cielo. Dice Meyer:

«No hay esperanza de que alguien vaya al cielo a menos que crea esta verdad que estoy presentando. Usted no puede ir al cielo a menos que crea con todo su corazón que Jesús ocupó el lugar suyo en el infierno».[18] De modo que aunque Jesús dijo: «Padre, en tus manos encomiendo mi espíritu» (Lucas 23:46), Joyce dice: El espíritu de Cristo «fue al infierno porque es allí donde nosotros merecíamos ir».[19] Sin embargo, si hemos de tomar en serio las palabras del Salvador, Él entregó su espíritu a su Padre; Él no entregó su espíritu a Satanás. Pablo lo expresó con mucha claridad: «y despojando a los principados y a las potestades, los exhibió públicamente, triunfando sobre ellos en la cruz» (Colosenses 2:15, énfasis añadido).

Irónicamente, Meyer tiene el hábito de negar lo que afirma. Como mencionamos anteriormente, en The Most Important Decision You Will Ever Make: A Complete and Thorough Understanding of What It Means to Be Born Again, Meyer dogmáticamente afirma la idea de que, tras sufrir en el infierno por tres días, Jesús emergió como el primer hombre nacido de nuevo. Sin embargo, en una entrevista para la revista Charisma, ella negó que enseñase la teoría del Jesús nacido de nuevo, sosteniendo que era «una doctrina que ella no cree y que nunca ha enseñado».[20]

De igual modo, mientras Meyer fácilmente afirma que ella peca todo el tiempo,[21] también niega enfáticamente que sea pecadora. Dice Meyer: «Yo no dejé de pecar hasta que finalmente metí en mi tozuda cabeza que ya no era una pecadora. Y el mundo religioso piensa que eso es herejía, y quieren colgarte por ello. Pero la Biblia dice que yo soy justa, y no puedo ser justa y pecadora al mismo tiempo».[22] Si ella fuese pecadora, según sostiene Meyer, anularía la muerte misma de Cristo en la cruz:

«Yo no soy pobre, no soy desgraciada, y no soy una pecadora. Esa es una mentira que viene del infierno mismo. Eso es lo que yo era, y si lo siguiera siendo, entonces Jesús murió en vano».[23]

Meyer no sólo se contradice a sí misma a este respecto, sino que también contradice la Escritura.

Aunque posicionalmente somos justos delante de Dios, por la justicia de Cristo, prácticamente somos aún pecadores. El apóstol Juan dijo: «Si afirmamos que no hemos pecado, lo hacemos pasar por mentiroso y su palabra no habita en nosotros» (1 Juan 1:10). Lejos de sugerir que él no era un pecador, el mismo apóstol que escribió dos terceras partes de las epístolas del Nuevo Testamento clamó: «Yo sé que en mí, es decir, en mi naturaleza pecaminosa, nada bueno habita. Aunque deseo hacer lo bueno, no soy capaz de hacerlo. De hecho, no hago el bien que quiero, sino el mal que no quiero» (Romanos 7:18-19). Aunque los creyentes están cubiertos con la justicia de Cristo, aún son pecadores y lo serán hasta el día en que sean glorificados. Lutero retrató de modo gráfico esta realidad cuando se refirió a los cristianos como «estiércol cubierto de nieve».[24]

A veces, las enseñanzas de Meyer parecen en cierta manera tontas. «Cuando estamos alabando y adorando a Dios», dice, «realmente hay un olor que sale de nosotros que es ofensivo para el enemigo. Y yo no sé si ha tenido usted alguna vez la oportunidad de oler a una persona poseída por demonios, pero yo sí, y le digo que es un hedor… las personas que están poseídas tienen un olor ofensivo para mí, y estoy contenta de que, por estar yo poseída por el Espíritu Santo, tengo un olor ofensivo para el diablo».[25]

En otras ocasiones, las aberraciones doctrinales de Meyer son singularmente graves. Es así particularmente con respecto a su afirmación de que Dios creó a los hombres como pequeños dioses». Como explica Meyer: «Si usted, como ser humano, tiene un bebé, lo denomina del género humano. Si un animal tiene otro animal, se le llama del género animal. Lo que quiero decir es: ¿cómo ha de llamarnos Dios? ¿Acaso no dice la Biblia que fuimos creados a su imagen? Ahora bien, ya me entienden, no estoy diciendo que ustedes sean Dios con mayúscula». Meyer parece ser perfectamente consciente del hecho de que está en terreno frágil. Por tanto, añade: «¡No vayan a intentar apedrearme o gritarme blasfemias!»[26]

Aunque sin duda parecería que la afirmación de Meyer roza la blasfemia, una cosa es segura: Es cualquier cosa menos bíblica. Aunque somos «hijos» del Altísimo, no somos hijos por naturaleza; somos hijos por adopción (Gálatas 4.5-8). Solamente puede decirse de Cristo mismo que tiene la naturaleza de Dios. Como tal, solamente Cristo es el Hijo unigénito (monogenes) del Padre. Que los seres humanos son creados a imagen de Dios sencillamente significa que comparten, de modo finito e imperfecto, los atributos incomunicables de Dios. De nuevo, no abordaré el punto aquí, ya que lo hago en la parte 3 titulada «Pequeños dioses». Baste decir por ahora que en la Biblia ningún lugar enseña la doctrina de Meyer de los «pequeños dioses».

Unas últimas palabras con respecto al subjetivismo de Meyer antes de que sigamos avanzando:

Meyer está convencida de que Dios no le permitiría caer en el error sin antes hacer sonar una alarma. En palabras de ella: «Si yo accidentalmente, o de cualquier otra forma, caigo en error, voy a tener una campana en mi interior que sonará tan fuerte que no sólo yo voy a oírla, sino también todos los demás».[27] Si Meyer hubiera estado verdaderamente aferrada al texto de la Escritura, sin duda alguna habría oído el toque de la campana.

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[1] Joyce Meyer, The Most Important Decision You Will Ever Make: A Complete and Thorough Understanding of What It Means to Be Born Again (Fenton, MO: Life in the Word, 1991), p. 37.

[2] En http://www.joycemeyer.org/AboutUs/AboutJoyce, acceso obtenido el 5 julio 2008.

[3] Ibid.

[4] Life Christian University portal, “Questions”, en http://www.lcus.edu/questions.htm, acceso obtenido 5 julio 2008.

[5] Joyce Meyer, Eight Ways to Keep the Devil Under Your Feet (Nueva York: Warner Faith, 2002), p. 27.

[6] Ibid., p. 28.

[7] Ibid., p. 30.

[8] Meyer, “Interrupting Satan’s Plan: Releasing the Supernatural Power of God Through Prayer”, cinta 3 de la serie titulada: “Violent Christians in a Violent Society”, grabada en San José, California, 19 julio 2001.

[9] Después, en un capítulo titulado «Watch Your Mouth”, Meyer escribe: «Las palabras son recipientes de poder. Llevan poder creativo o poder destructivo» (Meyer, Eight Ways, pp. 87–88).

[10] Véase Meyer, Eight Ways.

[11] Ibid., p. 95.

[12] Ibid., p. 151.

[13] Por ejemplo, con respecto a accidentes cercanos en el estacionamiento de un restaurante de comida rápida, Meyer escribe: «Yo reprendo el espíritu de accidentes, ¡en el nombre de Jesús! Creo que hay ciertas potestades y principados sobre ciertas áreas. ¡Aquellos reclamos eran ataques del diablo!»

[14] Joyce Meyer, Trophies of God’s Grace, parte 1 (Fenton, MO: Joyce Meyer Ministries, 1991), cinta de audio.

[15] Véase, por ejemplo, Ezequiel 18.2–4, 20.

[16] Meyer, The Most Important Decision You Will Ever Make: A Complete and Thorough Understanding of What It Means to Be Born Again (Tulsa: Harrison House, 1996), p. 41.

[17] Ibid., p. 42 (énfasis en el original).

[18] Meyer, The Most Important Decision You Will Ever Make (1991), p. 37. En la edición de 1996, Meyer suprimió las palabras «en el infierno» de este pasaje en particular; pero dos párrafos antes, dentro del mismo contexto, ella retuvo la frase (como en su edición de 1991): «Por tanto, lo pusieron; es decir, su cuerpo, en un sepulcro, y su espíritu fue al infierno porque es ahí donde nosotros merecíamos ir». Y dentro del mismo capítulo, titulado “What Should You Believe?”, aún dentro del mismo contexto, Meyer escribe: «Crea que Jesús hizo lo que la Biblia dice… Él estuvo tres días en el sepulcro. Durante ese período, Él entró en el infierno, donde usted y yo merecíamos ir (legalmente) debido a nuestro pecado. Él pagó el precio allí… Jesús pagó en la cruz y fue al infierno en mi lugar… Jesús fue al infierno por usted. Él pagó por los pecados suyos… Cuando se pagó la factura y toda nuestra deuda fue completamente cancelada, el Padre lo resucitó de la muerte. Pero hasta que eso sucedió, Él estuvo solo por tres días satisfaciendo al tribunal de justicia y conquistando las huestes del infierno» (pp. 41, 43, 44, énfasis en el original).

[19] Meyer, The Most Important Decision You Will Ever Make (1996), p. 43.

[20] Ken Walker, “The Preacher Who Tells It Like It Is”, Charisma, noviembre 1998, p. 55.

[21] Véase la entrevista de Todd Wilken a Joyce Meyer, Issues Etc., KFUO Radio, 23 mayo 2005.

[22] Joyce Meyer, From the Cross to the Throne (St. Louis: Life Christian Center, s.f.), cinta de audio.

[23] Ibid., énfasis añadido.

[24] Lutero describió al cristiano como «simultáneamente justo y pecador» (Simul Iustus et Peccator), especialmente sobre la base de Romanos 4.

[25] Joyce Meyer, Enjoying Everyday Life, 16 julio 2002.

[26] YouTube, “Joyce Meyer—Little Gods” ( http://www.youtube.com/watch?v=7Y4eVu2oxP8 ), acceso obtenido 12 julio 2007.

[27] Joyce Meyer, “Witchcraft & Related Spirits” (parte 1), s.f.

Las Herejías de Joel Osteen

11 Nov

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El siguiente artículo fue obtenido enteramente del libro “Cristianismo en Crisis: Siglo 21” de Hank Hanegraaff. Puedes comprar este libro aquí

No es suficiente con ver simplemente por fe o en su imaginación. Usted tiene que comenzar a pronunciar palabras de fe sobre su vida. Sus palabras tienen un enorme poder creativo. En el momento en que usted dice algo, le da nacimiento. Este es un principio espiritual, y funciona a pesar de que lo que usted esté diciendo sea bueno o malo, positivo o negativo.[1]

—JOEL OSTEEN

Joel Osteen actualmente ha eclipsado la condición estelar de Benny Hinn como el destacado predicador de la prosperidad sobre el planeta. La revista People describe a Osteen como «el pastor de la Lakewood Church, con una asistencia semanal de 47.000[2] (dos veces mayor que el competidor más próximo); la principal atracción de los servicios de los domingos se emite en 100 países; autor de dos libros de éxito de ventas (el primero, en 2006, se vendió más que el último de Billy Graham); y la cabecera de espectáculos donde lo motivacional se encuentra con la adoración que abarrota lugares como el Madison Square Garden de Nueva York».[3] El subtítulo dice: «Él vive en una mansión, viaja en jet privado y, con su último éxito de ventas, ya ha ganado, según se dice, 13 millones de dólares».

A pesar de estupendos éxitos, los sermones de Joel Osteen, en concierto con otros maestros de la fe, consisten en una interminable lista de anécdotas no documentadas y leyendas urbanas reforzadas por citas equivocadas e interpretaciones erróneas de la Biblia. Como ejemplo, Joel altera el relato de Jesús del paralítico que estaba tendido en el estanque de Betesda a fin de demostrar la premisa de que mediante nuestras palabras y actos creamos realidad. En la versión que hace Osteen de la historia, ese paralítico estuvo en el estanque de Betesda por treinta y ocho años, sintiendo lástima de sí mismo.

Para alterar su realidad, lo único que él tuvo que hacer fue tomar su lecho y caminar. Por el contrario, por treinta y ocho años él puso excusas. Exhorta Osteen: «Si van ustedes en serio en cuanto a estar bien, si realmente quieren estar física y emocionalmente sanos, deben levantarse y moverse en su vida. Ya no más mentiras sintiendo lástima de ustedes mismos».[4]

Trágicamente, Osteen ha cambiado por completo la interpretación que Jesús hace de la historia. Según Jesús, el paralítico en primer lugar fue curado y luego recogió su lecho y anduvo. Dicho de otro modo, tanto lógica como lingüísticamente el paralítico fue curado antes de caminar.[5] En la revisión que Joel hace del texto, el paralítico recogió su lecho y anduvo antes de ser curado.

Las leyendas urbanas y las historias legendarias son un relato estándar en los libros y sermones de Osteen. Irónicamente, hasta puntos bien presentados se apoyan con tonterías. En su libro, Your Best Life Now [Su mejor vida ahora], Osteen relata una leyenda urbana común con respecto al bacalao.

Escribe Osteen: «Hace muchos años, pescar bacalao en la costa noreste se había convertido en un negocio comercial lucrativo. La industria pesquera reconoció que existía un gran mercado para el bacalao por toda Norteamérica, pero tenían un importante problema en la distribución». El problema, según Osteen, es que los propietarios no podían congelar el bacalao porque «después de que el bacalao se congelaba, perdía su sabor». Además, llevar en barco el bacalao por todo el país en inmensos tanques de agua salada sencillamente empeoraba las cosas. «Debido a que el pescado estaba inactivo en el tanque, se volvía blando y suave, y una vez más perdía su sabor». Los propietarios finalmente resolvieron el problema metiendo bagres en el tanque. Dice Osteen: «El bagre es un enemigo natural del bacalao, así que, mientras el tanque viajaba por el país, el bacalao tenía que permanecer alerta y activo y estar atento al bagre».[6]

Si esta fuese la única leyenda urbana que Osteen pone en circulación, sería una cosa; pero Osteen continúa su historia del pescado con una sospechosa historia tras otra. Mientras que interpretar leyendas sobre abejas que mueren en el espacio exterior debido a que no utilizan sus alas,[7] o sobre monos capturados con sus manos en el proverbial cesto de la basura[8] es perdonable, no lo es la interpretación que Osteen hace de doctrina cristiana esencial.

Durante mensajes de Semana Santa, por ejemplo, a Osteen le gusta decir a sus devotos que Jesús no finalizó la obra de redención en la cruz. Aunque la Escritura dice que Jesús hizo un espectáculo público del diablo y sus demonios, «triunfando sobre ellos en la cruz» (Colosenses 2:15), Joel dice que Jesús triunfó sobre las huestes demoníacas en el infierno. Aunque la Biblia nos dice que nuestro Salvador siempre ha tenido el control de la muerte y del infierno, Joel dice que Jesús tuvo que arrebatar las llaves de la muerte y del infierno de las manos de Satanás. Y contra todo el consejo de la Escritura, Osteen asevera que en el infierno, «las dos fuerzas más poderosas en el universo se han reunido para hacer batalla por primera vez en la historia».[9]

En una imaginativa reconstrucción que no tiene base alguna en la Biblia, Osteen pasa el triunfo en la cruz a los pasillos del infierno. Allí, Jesús «sí batalló con Satanás cara a cara». En contradicción directa con el texto bíblico, «cuando Jesús inclinó su cabeza y murió en la cruz», dice Osteen, «Satanás y todos esos demonios se reunieron en el infierno para una gran celebración de la victoria. Puedo imaginarlo parecido a la fiesta de celebración en el vestuario después del Super Bowl». Al final, sin embargo, el Salvador aplastó a Satanás y «arrebató las llaves de la muerte y del infierno de manos de Satanás. Y agarró a Satanás por el cuello y comenzó a arrastrarlo lentamente por los pasillos del infierno. Todo golpeado y magullado, ¡porque Él quería asegurarse que cada demonio viera con mucha claridad que Jesús era, sin duda, el Campeón indiscutible de todos los tiempos!»[10]

Es casi inconcebible que cualquiera, particularmente alguien que pone en sus labios el sagrado nombre de Cristo, reconstruyese de modo tan descarado la centralidad de la expiación de Cristo en la cruz. Sin embargo, ante la Escritura, la cual nos dice claramente que «mediante la muerte», Jesús destruyó «al que tiene el dominio de la muerte; es decir, al diablo» (Hebreos 2:14, énfasis añadido), Osteen sitúa a Cristo en la caldera del infierno, finalizando la obra de redención. No atacaré aquí los horrores de tales atrocidades sobre la expiación, ya que lo hago en la parte 4, pero baste con decir que esto está entre las perversiones doctrinales más atroces de Osteen.

Increíblemente, en la revisión que Osteen hace de la Escritura, la victoria de Cristo en el infierno fue insuficiente para expiar nuestros pecados. Después de la resurrección, «aún tenía que haber un sacrificio de sangre por nuestros pecados. Aún se tenía que pagar un precio». Por eso Jesús «presentó su propia sangre en el atrio exterior del cielo como sacrificio por todos nuestros pecados: pasados, presentes y futuros». Sin duda, según Osteen, esa es precisamente la razón por la cual Jesús mandó a María que no le tocase después de la resurrección. «¿Por qué no quería Jesús que María le tocase?», pregunta Osteen. «Les diré la razón. Jesús acababa de resucitar del sepulcro, y aún tenía su sangre santa en Él. Era esa sangre la que Él iba a utilizar como sacrificio por nuestros pecados».[11]

En realidad, nada podría estar más lejos de la verdad. Lejos de tener cierto tipo de eficacia mágica, la sangre de Jesucristo es emblemática de la muerte de Jesucristo.[12] Tampoco hay ninguna justificación para sugerir que en algún momento entre el encuentro que Él tuvo con María y su encuentro con Tomás, Jesús fuese al cielo para rociar su sangre sobre el propiciatorio. Por el contrario, los creyentes a lo largo de las épocas han celebrado el precioso sacramento de la Comunión como el cuerpo partido y la sangre derramada de Jesucristo para la completa remisión de los pecados. Una vez más, no fue el triunfo de Cristo sobre Satanás en la caldera del infierno lo que expió el pecado. Jesús dijo: «Padre, en tus manos encomiendo mi espíritu» (Lucas 23:46; cf. Juan 19:30) y no: «Satanás, en tus garras entrego mi espíritu», ni tampoco la deuda quedó impagada hasta que Cristo ascendió al cielo. La deuda por todo el pecado, pasado, presente y futuro, fue pagada por la pasión de Cristo en la cruz. Cuando su pasión en la cruz fue completa, Cristo pronunció la palabra tetelestai, que significa «¡la deuda ha sido pagada por completo!» Ya no quedaba ninguna otra deuda por saldar en este mundo o en el siguiente.

Por grave que sean las atrocidades sobre la expiación de Osteen, su argumento de que la fuerza de la fe es tan potente que hasta el Soberano del universo está atado por ella es igualmente inquietante.

Como observamos en la introducción, Osteen llega hasta el extremo de decir que Dios sabía que las confesiones negativas de Zacarías, «¿Estás seguro realmente de que esto va a suceder? ¿Ves la edad que tengo? No creo que esto pueda ser posible», detendrían su plan.[13] Así Dios tuvo que quitarle el habla a Zacarías. Una vez más, sin embargo, hemos entrado en la zona de interpretación. Osteen no sólo ha añadido interpretación al texto bíblico, sino que también ha dejado fuera porciones importantes de la narrativa bíblica.

En primer lugar, aunque Zacarías «se asustó, y el temor se apoderó de él» ante la presencia de un ángel (Lucas 1:12), Dios personificó a Zacarías como recto e intachable (v. 6).

Además, Gabriel concretamente le dijo a Zacarías: «No tengas miedo, Zacarías, pues ha sido escuchada tu oración. Tu esposa Elisabet te dará un hijo» (v. 13, énfasis añadido). Como respuesta, Zacarías preguntó: «¿Cómo podré estar seguro de esto?» (v. 18). El ángel Gabriel respondió dándole una señal: «Pero como no creíste en mis palabras, las cuales se cumplirán a su debido tiempo, te vas a quedar mudo. No podrás hablar hasta el día en que todo esto suceda» (v. 20, énfasis añadido).

Finalmente, en ningún lugar en el texto hay alguna indicación de que Dios tuviera que quitarle el habla a Zacarías debido a que Él sabía que las palabras negativas de Zacarías cancelarían su plan. Por el contrario, si la Biblia nos enseña algo, es que Dios es supremo en su autoridad y su poder. Como Daniel recordó a Belsasar, inmediatamente antes de la caída del Imperio Babilónico, su padre, Nabucodonosor, había llegado a creer en la soberanía de su gobierno y mandato personales; por tanto, Dios le dio «mente de un animal; vivió entre los asnos salvajes y se alimentó con pasto como el ganado; ¡el rocío de la noche empapaba su cuerpo! Todo esto le sucedió hasta que reconoció que el Dios Altísimo es el soberano de todos los reinos del mundo, y que se los entrega a quien él quiere» (Daniel 5:21).

Después, el poderoso Nabucodonosor reconoció, tras haber sido reducido a comer hierba como un animal, que el dominio de Dios (no de Nabucodonosor) «es eterno; su reino permanece para siempre. Ninguno de los pueblos de la tierra merece ser tomado en cuenta. Dios hace lo que quiere con los poderes celestiales y con los pueblos de la tierra. No hay quien se oponga a su poder ni quien le pida cuentas de sus actos» (Daniel 4:34-35, énfasis añadido).

Otra de las convicciones fundamentales de Osteen es que tanto las maldiciones generacionales como las bendiciones generacionales son transmitidas vía «la línea de sangre que se forma en el AND suyo».[14] Esto, a pesar de la realidad de que no hay base bíblica para creer ni en las bendiciones generacionales ni en las maldiciones generacionales. La Escritura comunica que se transmiten consecuencias, no maldiciones, de generación a generación. En este sentido, la Biblia dice que los hijos son castigados por los pecados de sus padres «hasta la tercera y cuarta generación » (Éxodo 20:5). Los hijos de padres alcohólicos frecuentemente sufren descuido y abuso como consecuencia directa de la conducta pecaminosa de su padre. Además, la Escritura nos dice explícitamente que «ningún hijo cargará con la culpa de su padre, ni ningún padre con la del hijo» (Ezequiel 18:20, énfasis añadido). Finalmente, cuando el Israel de antaño citaba el proverbio: «Los padres comieron uvas agrias, y a los hijos se les destemplaron los dientes», Dios respondió en términos nada inciertos:

«Yo, el Señor omnipotente, juro por mí mismo que jamás se volverá a repetir este proverbio en Israel. La persona que peque morirá» (vv. 3-4, énfasis añadido).

Sin embargo, en contradicción con la clara comunicación de la Escritura, Osteen ofrece una leyenda urbana como apoyo a las maldiciones generacionales (véase la introducción), y en apoyo a las bendiciones generacionales ofrece la historia de un amigo que pastorea a varios miles de personas pero quiere desesperadamente pastorear a «miles y miles más». Además, el pastor codicia la realización de su «sueño de escribir libros que afecten al mundo».

A pesar de la realidad de que la iglesia promedio tiene menos de cien miembros, cada vez que este pastor pasa al lado de una iglesia que es más grande que la de él siente «como si me estuvieran frotando sal en una herida». Como resultado, comienza a pronunciar palabras de temor en lugar de palabras de fe: «Dios, no es justo. Yo derramé mi corazón y mi alma en el sueño que tú me diste, pero no creo que nunca esté a la altura del éxito de este hombre… Siento como si se riesen de mí. Ni siquiera sé si debería seguir en la carrera».[15]

Uno podría pensar que Dios reprendería a este pastor por buscar el éxito desde una perspectiva mundana o por sucumbir a los pecados de envidia y codicia. Por el contrario, el Todopoderoso aparentemente afirmó las propensiones materialistas del pastor sugiriendo que se consolase con la posibilidad de que él estuviera «poniendo las bases» para el futuro éxito de sus nietos. En otras palabras, el Todopoderoso supuestamente ofreció la esperanza de que, al igual que las maldiciones generacionales, las bendiciones generacionales «pueden ser cosechadas por los hijos y las hijas de uno».[16]

Osteen escribe en cuanto a una circunstancia en su propia vida en la cual, como ese amigo pastor, él dijo palabras negativas. Él y su esposa, Victoria, vivían en una pequeña casa no muy buena cuando un día se toparon con una hermosa casa en las etapas finales de su construcción. Joel estaba tan convencido de que poseer una casa así estaba por encima de la posibilidad, que continuamente pronunciaba palabras de temor. Victoria, sin embargo, no lo hacía. «A lo largo de los meses siguientes, ella siguió pronunciando palabras de fe y de victoria». Finalmente, Joel se libró del «pensamiento limitado» y comenzó a estar en acuerdo con ella. «Seguimos creyéndolo, viéndolo, y diciéndolo», escribe Joel, «y lo vimos suceder».[17]

La fe de Joel aparentemente está siendo «cosechada» también por su hijo, Jonathan. «Un día cuando íbamos conduciendo por la autopista», escribe Joel, «llegamos al Compaq Center, el estadio con dieciséis mil asientos que era el anterior campo de los Houston Rockets… Yo reduje la marcha y señalé. “Jonathan, mira allí. Un día, ahí es donde tú predicarás”. Él dijo: “Oh, no, papi. Cuando yo sea lo bastante grande, ¡voy a predicar en el Reliant Stadium!” (el Reliant Stadium es el campo, con setenta mil asientos, del equipo de fútbol americano Houston Texans)».[18] Así es precisamente como el padre de Joel, John, había enseñado a su hijo a pensar. Dice Osteen: «Siempre que la gente me preguntaba: “Joel, ¿crees que serás capaz de hacer tanto como tu papá?”, yo siempre decía: “Creo que voy a hacer más que mi papá”».[19]

Aunque, sin duda alguna, no hay nada inapropiado en soñar grandes sueños para nosotros mismos o para nuestros hijos, no hay justificación bíblica para suponer que las bendiciones generacionales se transmiten vía «la línea de sangre que se forma en nuestro ADN».[20] Tampoco hay ninguna razón para creer que la adquisición de Osteen de una casa grande sea el resultado de que él se someta eficazmente a la inexorable fuerza de la fe más que la adquisición de Rhonda Byrne de una casa grande resultase de que ella «mandó una solicitud al catálogo del universo».[21] Es mucho más probable que ellos tengan lo que tienen como resultado de decirles a las personas lo que ellas quieren oír (por ejemplo: en el momento en que usted pronuncia algo, le da nacimiento). No sólo eso, sino que lo grande no siempre es lo mejor. Yo he tenido el privilegio de tener una plataforma mucho más grande que la tuvo mi padre durante su ministerio terrenal, pero puede ser que en los planes de Dios mi padre tenga una recompensa mayor en la eternidad debido al fiel servicio, a la abnegación y al sufrimiento. Tales recompensas duraderas no son con frecuencia el tema de los sermones contemporáneos; sin embargo, eran un tema constante en los sermones de Cristo.

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[1] Joel Osteen, Your Best Life Now: 7 Steps to Living at Your Full Potential (Nueva York: Warner Faith, 2004), p. 129.

[2] Osteen escribe: «En 2003, la revista Forbes denominó a la iglesia Lakewood Church “la iglesia más grande de Estados Unidos”, con una asistencia semanal de veinticinco mil personas. ¡Y aún seguimos creciendo!» (Ibid., p. 217).

[3] Patrick Rogers y Vickie Bane, “Joel Osteen Counts His Blessings”, People, 17 diciembre 2007, p. 96.

[4] Osteen, Your Best Life Now, p. 149.

[5] Véase Juan 5.1–15, concretamente los versículos 8–9.

[6] Osteen, Your Best Life Now, p. 211.

[7] Ibid., p. 212.

[8] Ibid., p. 227.

[9] Joel Osteen, mensaje del servicio de Semana Santa en la Lakewood Church, sermón #CS_002 -4-23-00, 23 abril 2000, transcripción anteriormente en http://www.lakewood.cc/sermons/cs_002.htm, énfasis añadido; transcripción archivada en http://web .archive.org/web/20040408215244/ http:// http://www.lakewood.cc/ sermons/cs_002.htm, acceso obtenido 1 noviembre 2008. Cf. Joel Osteen, mensaje del servicio de Semana Santa de 2004 en el programa Discover the Champion in You, Trinity Broadcasting Network, 26 abril 2004.

[10] Ibid.

[11] Ibid.

[12] Véase John R. W. Stott, The Cross of Christ (Leicester: IVP, 1986), pp. 179–81; Leon Morris, The Apostolic Preaching of the Cross, 3a ed. (Grand Rapids: Wm. B. Eerdmans Publishing Co., 1984), pp. 112–28. También: «Algunos han argumentado, en gran parte sobre la base de este versículo [Levítico 17.11], que “sangre” en la Escritura significa vida en lugar de muerte. Sin embargo, en todos los sacrificios del Antiguo Testamento, la sangre se obtiene matando a un animal, y la vida de que se habla en Levítico 17.11 es “aquella que deja de existir cuando la sangre es derramada”» (Steve Jeffrey, Michael Ovey, Andrew Sach, Pierced for Our Transgressions: Rediscovering the Glory of Penal Substitution [Wheaton: IL: Crossway Books, 2007], p. 45, n. 23).

[13] Joel Osteen, programa Discover the Champion in You, Trinity Broadcasting Network, 3 mayo 2004.

[14] Osteen, Become a Better You, p. 63.

[15] Ibid., pp. 63–64.

[16] Ibid., p. 64.

[17] Osteen, Your Best Life Now, pp. 7–8.

[18] Ibid., pp. 8–9.

[19] Osteen, Become a Better You, p. 26.

[20] Ibid., p. 63.

[21] Byrne, The Secret, p. 60.

Recursos Adicionales

¿Yo declaro? Una reseña del libro de Joel Osteen por Edgar Aponte

John MacArthur denuncia los errores de Joel Osteen

Steve Lawson Reprende a Falso Maestro Joel Osteen

Entrevista a Joel Osteen

La Divina Comedia de Dante Gebel — Lo sagrado hecho vulgar

2 Nov

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Mi conclusión es que Dante Gebel calza a la perfección con el perfil bíblico de un falso maestro: es blasfemo, arrogante, adulador, hereje, burlador, maldiciente, soñador e irreverente.

Te invito a leer este artículo en el que traté de ser lo más objetivo, bíblico y detallado posible.

Puedes leerlo aquí: http://esclavosdecristo.com/la-divina-comedia-de-dante-gebel-lo-sagrado-hecho-vulgar/

Falsos Maestros Latinoamericanos

23 Sep

falsos

Te invito a que leas la introducción de una serie de artículos sobre apóstatas latinoamericanos que escribiré para el ministerio Esclavos de Cristo.
Prometo ser bíblico, objetivo y justo.
Algunos de los falsos maestros que se incluirán en esta serie son Marcos Witt, Dante Gebel, Guillermo Maldonado, Cesar Castellanos y Cash Luna.

Dale clic a este link para leer la introducción: https://goo.gl/lDWGPX

CESACIONISMO, “LOS DONES DE SANIDADES,” Y LA SANIDAD DIVINA

16 Ago

Este artículo fue escrito por Richard L. Mayhue quien sirvió como Vice Presidente y Profesor Decano de Teología y Ministerios Pastorales en The Master’s Seminary

El estudio de la sanidad divina debe incluir la abundancia trágica de maestros falsos con enseñanzas y prácticas falsas, quienes afirman autoridad bíblica, pero en un examen más detallado claramente no son de Dios. ¿Están aún en operación hoy “los dones de sanidades” mencionados en 1 Cor 12:9, 28, 30 como en los tiempos del Nuevo Testamento? Este don-señal cesó con el fin del canon del NT. ¿Sana Dios todavía como lo hizo tanto en el Antiguo Testamento y el Nuevo Testamento? Un estudio inductivo del registro bíblico (incluyendo el AT, los Evangelios, Hechos, y las epístolas del NT) establecen características inconfundibles de sanidad divina genuina.

Los estándares bíblicos se vuelven el estándar por el cual supuestas afirmaciones de sanidades divinas contemporáneas deberían ser juzgadas, ya sea si son de Dios o no lo son. Seguidamente, la promesa final de sanidad de salvación de Dios en 1 Pedro 2:24 merece atención. En el contexto, el pasaje habla de sanidad espiritual (la salvación), y no de sanidad física. Finalmente, una serie de observaciones teológicas conducen a la conclusión práctica de que los cristianos deberían enfocarse en lo espiritual/eterno en vez de lo físico/temporal. Cuando Dios sana hoy, no será a través de una agencia humana, y será caracterizada como fueron Sus sanidades registradas en la Escritura.

* * * *

Referente a la idea del cesacionismo, una publicación reciente contenía este comentario notable. ¿Cuál es su reacción a eso?

Si usted toma a un nuevo convertido, quién previo a su conversión no sabía nada de la historia del Cristianismo o del Nuevo Testamento, y usted lo encierra en un habitación con una Biblia por una semana, él saldrá de allí creyendo que él forma parte de un cuerpo que tiene un amor apasionado por el Señor Jesucristo y un cuerpo que consistentemente experimenta milagros y hace milagros. Se necesitaría un teólogo astuto sin experiencia en lo milagroso para hacer cambiar de opinión a este joven creyente.[1]

A primera vista y sin pensarlo mucho, podríamos estar de acuerdo. Pero mire la declaración de nuevo. Para mí, esto rápidamente se convierte en una situación de acuerdo/desacuerdo.

Estoy de acuerdo que un nuevo convertido que desconoce completamente la historia, quien no tiene experiencia en interpretar la Biblia, y quien no tiene las herramientas de estudio podría concluir que la iglesia de hoy experimenta milagros como la iglesia del primer siglo.
Pero estoy completamente en desacuerdo, y sospecho que usted también, que el nuevo convertido estaría en lo correcto. ¿Desde cuándo le pedimos a un nuevo convertido que sin nada más que una Biblia determine la expresión teológica correcta de un tema tan complejo como los milagros? Más aun, ¿por qué el teólogo tendría que tener experiencia en lo milagroso para ser creíble si creemos que las Escrituras son suficientes para articular la sana doctrina (2 Tim 3:16-17)?

Esto hace surgir una pregunta aún mayor: ¿Por qué los teólogos preparados, que tienen un conocimiento de historia y que tienen las capacidades para usar buenas herramientas de estudio de la Biblia, proponen la misma conclusión inmadura que un nuevo creyente que no sabe nada? ¿Puede ser que ellos han utilizado una combinación de experiencia y una teología predeterminada para anular de otro modo conclusiones razonables?

El cesacionismo implica la creencia de que los dones milagrosos de señales del NT (cf. Hechos 2:22; 2 Cor 12:12; Heb 2:3-4) cesaron con la muerte de los apóstoles y la terminación del canon del NT.[2] En general, los no-cesacionistas creen que todos los dones espirituales del NT han permanecido operativos, incluso hasta hoy.[3]

Este ensayo presenta la perspectiva cesacionista. Los “dones de sanidades” del NT (1 Cor 12:9, 28, 30) en particular y la sanidad bíblica en general son abordados. El tema de la sanidad es tan vasto que un artículo es muy insuficiente para hacer justicia al tema. Por consiguiente, el lector debería consultar la obra exhaustiva de este escritor, La Promesa de Sanidad,[4] para una cobertura más cabal de este amplio tema y para un trasfondo suficiente para entender cómo las partes guardan relación con el todo.

LA PERSPECTIVA

Con el tema de la sanidad, el debate y las conclusiones adjuntas van mucho más allá de la pureza del simple debate teológico y doctrinal. Cualquier cosa que uno crea sobre este tema dramáticamente influencia sus expectativas cuándo una enfermedad seria o una lesión afecta a un ser querido o incluso a uno mismo. No importa qué posición teológica uno tome sobre el tema, es imperativo que sea fuertemente corroborado por la Escritura, no sea que él sinceramente crea en promesas que Dios nunca realmente hizo. Cuando esto sucede, puede dar lugar a un desánimo tremendo, depresión, e incluso a una decepción con el Cristianismo.

El Falso Maestro

Uno de los exponentes más visibles y elocuentes del no-cesacionismo y un supuesto practicante de sanidad es Benny Hinn.[5] Sus libros recientes han sido éxitos de librería; él también regularmente es invitado al Trinity Broadcasting Network. Hinn da a entender que él ha tomado el lugar que Kathryn Kuhlman dejó.[6]

Debido a su influencia inusualmente extendida y debido a que él ha tratado de expresar una teología de sanidad en su libro “Señor, Necesito un Milagro”, cobra una particular importancia el examinar lo que enseña Benny Hinn. Este análisis breve compara lo que Hinn cree acerca de la sanidad con lo que las Escrituras enseñan. Usted luego puede hacer sus propias conclusiones acerca de la credibilidad de la enseñanza de Hinn (vea Hechos 17:11).

  1. Benny Hinn no ora “Señor, Hágase Tu Voluntad.” [7] Jesucristo si lo hizo (Lucas 22:42).
  2. Hinn cree que Dios siempre tiene la intención que los creyentes sean sanados.[8] En contraste, la Biblia enseña que algunos de los grandes santos, incluyendo a Jacob y Pablo, tuvieron enfermedades físicas de las cuales nunca fueron sanados.
  3. Hinn enseña que los creyentes le deberían ordenar a Dios sanar.[9] La Biblia enseña que le pidamos (1 Juan 5:14-15).
  4. Hinn sugiere que la sanidad milagrosa de Dios es gradual.[10] Las sanidades por Cristo y los apóstoles ocurrieron instantáneamente.
  5. Hinn enseña que la fe de la persona enferma es esencial para la sanidad.[11] Lázaro y la hija de Jairo no pudieron haber ejercido fe cuando resucitaron de entre los muertos.
  6. Hinn escribe que debemos hacer nuestra parte para que Dios pueda sanar.[12] La Biblia enseña que Dios es soberano.
  7. Hinn cree que los cristianos no deberían enfermarse.[13] La Biblia enseña que el cristiano puede enfermarse y que todos eventualmente morirán.
  8. Benny Hinn implica que la sanidad de una persona puede perderse y que la persona sanada debe hacer ciertas cosas para que la sanidad continúe.[14] La Biblia en ninguna parte enseña algo semejante.

Asombrosamente, Hinn no sólo contradice las Escrituras respecto al tema de la sanidad, sino que también se contradice a sí mismo. En 1992 Hinn escribió:

Esto me hace recordar un día, hace años, cuando oí a Kathryn Kuhlman profetizar, de una forma inimitable que el día llegaría, antes de la venida del Señor, cuando el poder de Dios sería tan grande que todo el mundo sería sanado. “No habrá un santo enfermo en todo el cuerpo de Cristo,” declaró.

Con su dramatismo acostumbrado, señalando con el dedo, y la mano en la cadera, preguntó: “¿Pudiera ser hoy?” Por supuesto, ella nunca lo vio venir, pero vendrá. El Espíritu Santo me ha convencido de ello.[15]

Más tarde, en una entrevista en 1993, la revista Carisma le preguntó a Hinn: “Usted ha mencionado otros cambios en su teología. ¿Ha cambiado usted su punto de vista sobre la sanidad?” Compare su respuesta de 1993 a lo que supuestamente el Espíritu Santo le dijo en 1992:

Huldah Buntain, misionera en la India, estuvo en nuestra iglesia recientemente, y ella habló cómo murió su marido, Mark. La historia me partió el corazón porque me percaté de que algunos de los santos más grandes de la tierra se han enfermado.

Jacob cojeaba al andar. Eliseo murió de una enfermedad, aunque el poder de Dios permaneció mucho tiempo en sus huesos. Incluso el apóstol Pablo tenía una enfermedad – aunque no estamos seguros de lo que era.
¿Por qué Dios no los sanó? ¿Sabe algo?, mi papá murió de cáncer.
Tristemente, en el pasado, lo dije públicamente: si mi papá hubiera sabido entonces lo que sé ahora, él no habría muerto. ¡Qué cruel!
No voy a volver a decir eso acerca de nadie.

Pero todavía creo que la sanidad es ofrecida a todos nosotros como hijos de Dios. La Palabra de Dios es clara sobre eso. El salmo 103 dice: “Bendice alma mía al Señor, y no olvides ningunos de sus beneficios. Él es quien perdona todas tus iniquidades, el que sana todas tus dolencias.”

Así es que creo con todo mi corazón que la sanidad es una parte de nuestra herencia como creyentes. Es una provisión del pacto de Dios con nosotros. Pero ahora me he dado cuenta de que Dios es soberano, y que hay cosas que simplemente no comprendo.”[16]

O bien el Espíritu Santo habló correctamente en 1992 y Hinn decidió corregir al Espíritu en 1993, o el Espíritu no habló lo que Hinn afirmó en 1992 y él tuvo que reparar los daños en 1993. Toda la evidencia señala a la última conclusión.

Las Enseñanzas Falsas

Las enseñanzas falsas acerca de la sanidad han tomado formas diversas pero casi siempre contienen una mezcla de verdad y error. Las verdades a medias acerca de la sanidad divina le dan combustible a los errores dañinos de nuestro día. Déjeme advertirle de algunas de estas medias verdades más frecuentes a fin de que usted pueda estar preparado para rechazarlas.[17]

  1. Ya que Dios quiere que los cristianos disfruten Sus bendiciones, la enfermedad demuestra que usted está fuera de Su voluntad.
  2. El pecado es la causa de fondo de la enfermedad; por eso usted debe resistir la enfermedad como usted lo haría con el pecado.
  3. Puesto que Cristo murió por su enfermedad y su pecado, usted puede ser liberado de ambos.
  4. Si usted tiene suficiente fe, usted será sanado.
  5. Lo que usted confiesa es lo que usted posee; así que declare enfermedad y usted se enfermará; declare salud y usted la obtendrá también.
  6. Toda adversidad se origina en Satanás; así que la enfermedad, al igual que Satanás, debe ser reprendida.
  7. Si usted sólo supiese la realidad secreta del poder sanador de Dios, usted puede ser sanado.
  8. Puesto que Cristo y los apóstoles sanaron en su día, los cristianos pueden sanarse hoy.
  9. Puesto que la enfermedad proviene de Satanás, ningún bien puede venir de la enfermedad.
  10. Puesto que Dios quiere su bien, nunca ore, “Hágase tu voluntad” con respecto a la sanidad.
  11. Puesto que el pecado es la causa de la enfermedad, si usted está enfermo, entonces usted tiene un patrón de pecado en su vida.
  12. Dios le ha sanado, pero el diablo no deja que los síntomas se vayan.

Las Prácticas Falsas

Miles de personas podrían brindar testimonio de qué tan dolorosas pueden ser estas medias verdades. El Dr. C. Everett Koop recuerda en particular un episodio brutal.

Contratamos a un escritor investigador para analizar algunas de las sectas y específicamente a los sanadores de fe. Nuestro investigador viajó a una ciudad del Suroeste donde una campaña de sanidad había sido anunciada con semanas de anticipación…

Entre los que acudieron buscando sanidad estaba un hombre cristiano entrado en años que vivía en el campo. Su vista se había nublado, y lo más probable era que tenía cataratas. La única luz en la pequeña cabaña donde él vivía era una lámpara de parafina. Él era un cristiano devoto, leía su Biblia diariamente – o trataba de leerla – y tenía toda la fe necesaria para sanarse, si la fe ciertamente garantiza la sanidad. Su queja principal era que su vista se había deteriorado hasta el punto donde él ya no podía leer su Biblia.

En la noche en que acudió a ver al sanador, el anciano fue presentado dentro de la atmósfera de un espectáculo. El sanador por fe dijo: “Bien, abuelo, usted no puede ver más ya. Usted ha envejecido, usted incluso no puede ver con sus gafas. Su visión está fallando.” Entonces él extendió su mano y le quitó las gafas al anciano, las tiró en la plataforma, las pisó, y las rompió. Él entonces le entregó al anciano una Biblia de letra grande, la cual, bajo las luces necesarias para televisión de aquellos días, le permitió al caballero leer Juan 3:16 en voz alta, para asombro y aplauso de la audiencia.

El anciano alabó a Dios, el sanador alabó a Dios, la audiencia alabó a Dios, y el anciano volvió a su cabaña pobremente iluminada y no podría encontrar su Biblia, porque sus gafas fueron destruidas. El hombre volvió al sanador pero se le dijo la cosa más desalentadora que un hombre piadoso posiblemente podría escuchar: “Usted no tuvo suficiente fe, porque de haberla tenido, la sanidad hubiese sido permanente.”[18]

Trágicamente, todos los ejemplos anteriormente citados involucran a personas que son no-cesacionistas. Ni su teología ni sus ministerios armonizan con lo que la Escritura enseña en general acerca de los dones de señales milagrosos diseñados para autentificar a Cristo y a los apóstoles o lo que enseña en particular acerca de la sanidad.

LOS DONES DE SANIDADES

“Los dones de sanidades” es la frase más enigmática que trata con el tema de la sanidad en toda la Biblia. ¿Por qué? Porque esa frase es mencionada sólo tres veces en el NT, y las tres veces aparecen en 1 Corintios 12. Los versículos no proveen ninguna explicación de lo que implicaron las manifestaciones. Ni aparece el don en alguna de las otras listas de dones del NT. Eso quiere decir que hay muy poca evidencia bíblica a la cual echar mano.[19]

No obstante, varias observaciones bíblicas pueden ayudar. Primero, ambas palabras en la expresión están en plural – “dones de sanidades.” El plural seguramente no requiere que el don se manifieste en más de una ocasión por la misma persona, pues eso significaría “que la palabra de sabiduría” en 1 Cor 12:8 fuese una que ocurriese una sola vez. Uno debe pensar más allá.

Podría ser que “los dones” se refieren a: (1) Diversos métodos de sanidad; (2) Ocasiones diversas de sanidad; o (3) Diversas variedades del don. Porque no hay ningún otro texto del NT o contextos, nadie lo sabe con seguridad. “Sanidades” probablemente se refiere a diversas enfermedades.

Los plurales paralelos, “los que hacen milagros,” “discernimiento de espíritus,” y “géneros de lenguas,” bien podrían señalar que las manifestaciones fueron temporales (una sola vez) y tenían que ser renovadas por Dios según Su voluntad.[20] Por Ejemplo, Pablo sanó a multitudes (Hechos 19:11-12), pero no podría sanarse a sí mismo (Gal. 4:13), Epafrodito (Fil. 2:25-30), o Trófimo (2 Tim 4:20). Eso también explicaría por qué Pablo no dirigió a Timoteo (1 Tim 5:23) a una persona con este don. Alguien que lo había ejercitado en una ocasión no tendría razón para sospechar que se manifestaría de nuevo. Santiago 5:13-18 se puede entender en forma semejante; esta temprana epístola (alrededor de A.D. 50) exhortó a los enfermos a llamar a los ancianos y no a una persona que manifestara “los dones de sanidades.”

Fuera de su asociación con los apóstoles, los “dones de sanidades” aparecen raras veces. Sólo Felipe es mencionado específicamente (Hechos 8:6-7). Esteban (Hechos 6:8) y Bernabé (Hechos 14:3) también podrían haber ejercido este don de señales. Eso explicaría por qué Bernabé, quien pudo haber sanado a otros con Pablo en Iconio (Hechos 14:3), no sanó al mismo Pablo cuando casi lo matan apedreado en Listra (Hecho 14:19-20).

Los “dones de sanidades” parecen ser una señal que fue dada para autenticar a los apóstoles (Heb 2:4). Por consiguiente, no es sorprendente descubrir su ausencia de la lista de dones de Romanos 12, la cual fue escrita después que 1 Corintios. Una vez que los apóstoles fueron autenticados y la iglesia temprana se estableció, las señales apostólicas gradualmente desaparecieron, pues habían servido al propósito de Dios.

Tampoco nos sorprende ver la ausencia de dones de señales de las Epístolas Pastorales escritas por Pablo a Timoteo y Tito. Si esos dones debían ser perpetuados, ciertamente Pablo habría mencionado eso, cuanto más debido a que Timoteo padecía problemas estomacales y otras aflicciones frecuentes (1 Tim 5:23).
Si Dios pretendiese que “los dones de sanidades” funcionaran como algo más que un don de señal milagrosa, esperaríamos verlo manifestado en las vidas de los numerosos compañeros de Pablo. Pero allí no hay el menor indicio de su manifestación después del año 59 d.C. El argumento del silencio no es conclusivo, pero es una porción más de evidencia que necesita ser seriamente considerada, porque es consistente con las otras indicaciones mencionadas arriba.

Lo más probable es que “los dones de sanidades” fuesen un don temporal de señal que fue usado por Dios para autenticar a los apóstoles y se evidenció esporádicamente con la excepción de Pedro y Pablo, fue otorgado una sola vez, y debía ser renovado por la voluntad soberana de Dios. Por consiguiente, no fue la intención de Dios de que los “dones de sanidades” en 1 Cor. 12:9, 28, 30 fuesen operativos hoy.

La naturaleza temporal de los “dones de sanidades” no quiere decir que Dios no sane hoy. Este ensayo distingue entre la “sanidad divina” humana real del Antiguo Testamento y el NT, al ser comparada a la posibilidad de la “sanidad divina” directa de Dios para hoy. Porque el número escaso de sanidades en el Antiguo Testamento y las sanidades innumerables de Cristo no dependían de los “dones de sanidades,” ni la sanidad divina está bajo la dependencia de esa señal/don hoy.

Puesto que el término “dones de sanidades” y su contexto siguen siendo ambiguos, una persona no debería construir una superestructura teológica sobre este débil fundamento. Aquellos que desarrollan su teología de sanidades para la iglesia de hoy de este pasaje lo hacen imponiendo sus conclusiones en el texto en lugar de hallar otras indicaciones evidentes de otras cartas del NT.

Primera de Corintios 12 parece ser un refugio de rescate para los defensores de la sanidad quienes comprenden lo peligroso que sería su caso si descansara solamente sobre el patrón de sanidad de Cristo y los apóstoles. J. Sidlow Baxter correctamente concluye que ni los milagros de sanidad de Cristo ni de los apóstoles continuaron después de la edad apostólica.

Ni de los milagros de sanidad del Señor ni de los de los apóstoles podemos deducir en forma segura que los tales deberían continuar hoy, ni deberíamos suponer que sí. Si tales sanidades tenían la intención divina de continuar de la misma manera hoy, entonces todos los que acuden a sanarse hoy estarían sanados sin excepción, como lo fue en el caso de los días de nuestro Señor y los apóstoles. Pero miles que vienen buscando hoy sanidad no son sanados. Por consiguiente, por ese texto sencillo y práctico sabemos que las sanidades de hoy no tienen la misma base que en aquellos lejanos días.[21]

Sin embargo, Baxter entonces acude a las epístolas del NT y desarrolla la idea – primordialmente de Rom 8:11, 1 Corintios 12, y Santiago 5:13-16 – de que la sanidad corporal ha sido prometida por las Escrituras para hoy.[22] Lo hace, sin embargo, con esta franca salvedad:

Aquellas parecen ser las únicas promesas o declaraciones que están en las epístolas con respecto a la sanidad divina o renovación del cuerpo humano para esta edad presente. ¿Cuál es el primer pensamiento considerado que salta a la mente? ¿No es el muy pequeño espacio dado a la sanidad física? En cierto modo, parece decepcionantemente pequeño. Dejemos que esto nos diga la importancia comparativamente pequeña que Dios le asigna. Permítale señalar su lugar comparativamente menor en comparación al énfasis principal de las cartas del Nuevo Testamento a los creyentes cristianos.[23]

Jack Deere también considera 1 Corintios 12 como un texto bíblico principal para explicar la sanidad para hoy.[24] El concluye que puesto que (1) los apóstoles fueron los más dotados de todas las personas en la iglesia, (2) los dones espirituales varían en fuerza e intensidad, y (3) los dones milagrosos no fueron limitados a los apóstoles sino distribuidos a toda la iglesia, entonces (1) hay una distinción entre señales/maravillas y “dones de sanidades,” y (2) es incorrecto insistir en que los milagros apostólicos establecieron la pauta por la cual evaluar las sanidades hoy. Él concluye que: (1) las sanidades hoy no serán tan espectaculares como las de Pablo o Pedro, (2) que las sanidades no podrían ser tan abundantes como en la era apostólica, y (3) que esto abre la posibilidad de que existan intentos fracasados en las sanidades.

Mi respuesta sería que el Dr. Deere ha desarrollado una teoría más de lo que la Escritura no dice que lo que claramente dice. Su teoría fracasa, a mi parecer, para varias razones:

  1. La frase “dones de sanidades” es tan ambigua en sus contextos que nadie realmente puede saber con seguridad lo que quiere decir. Ciertamente algo así de importante como una teología de sanidad física no debería ser edificada sobre tal cimiento poco profundo.
  2. Su teoría no explica la disminución en la calidad y la cantidad de incluso las sanidades apostólicas a medida que la era apostólica se acercaba a su conclusión.
  3. Su teoría no explica adecuadamente porque los “dones de sanidades” aparecen sólo en la lista de dones de 1 Corintios 12.
  4. Su teoría no anticipa la falta total de instrucción en las epístolas en materia de la sanidad (con la excepción de lo que es encontrado en Santiago 5). Sugeriría que Santiago 5 y 1 Corintios 12 no están relacionados.
  5. Su teoría asume completamente que si la Escritura no prohíbe sanarse o no habla directamente de la cesación de la sanidad apostólica, entonces implícitamente las Escrituras enseñan al don de sanidad para hoy.[25]
  6. El Dr. Deere parece contradecir su teoría cuándo escribe: “creo que Dios está haciendo milagros de la calidad del NT en la iglesia hoy, y creo que Él los ha hecho a todo lo largo de la historia de la iglesia.”[26] Los únicos milagros que conocemos de la calidad de Hechos son aquellos realizados por los apóstoles. Incluso el Dr. Deere en otro sitio teorizó que los milagros de la iglesia fueron de bajo nivel comparado a los de los apóstoles. Ambas cosas no pueden ser verdaderas.

 

EL REGISTRO BÍBLICO

Puesto que “los dones de sanidad” no son operativos hoy, como lo fueron en los tiempos del NT, ¿cómo debe la iglesia distinguir entre lo verdadero y lo falso de una supuesta sanidad divina? Lo que sigue es un estudio inductivo de sanidades tanto en el Antiguo como en el Nuevo Testamento, que ayudará a contestar la pregunta mencionada más arriba. Lo que caracterizaba a la sanidad divina entonces validaría la sanidad divina de hoy, si la naturaleza de la sanidad fuese de la misma calidad bíblica.

La comunidad cristiana debe enfrentarse con el hecho de que es sumamente raro cuando una sanidad reportada coincide con el modelo bíblico. Cuando Dios milagrosamente sanó a través de los profetas, Cristo, o los apóstoles, estas cualidades, entre otras, caracterizaron la sanidad:

  1. Fue inmediata.
  2. Fue pública.
  3. Tuvo lugar en ocasiones ordinarias no planeadas.
  4. Incluyó enfermedades que la comunidad médica no podía tratar.
  5. Fue completa e irreversible.
  6. Fue innegable, incluso para los detractores.

Tomando la sanidad contemporánea un paso más adelante, la mayoría de las sanidades reportadas de hoy se diferencian poco de las sanidades reportadas por las sectas y otras religiones del mundo. El siguiente patrón bíblico separa lo verdadero de lo falso.[27]

EL REGISTRO DE SANIDADES DEL ANTIGUO TESTAMENTO

El Antiguo Testamento tiende un puente desde la Creación hasta Cristo. Sería ingenuo suponer que cada ejemplo de enfermedad o sanidad haya sido registrado. Sin embargo, parece razonable que Dios incluyó la mayor parte de los casos especiales en el registro sagrado. Moisés escribió la declaración central sobre sanidad divina en Deut 32:39 (cf. Job 5:18):

Ved ahora que yo, yo soy, y no hay dioses conmigo; yo hago morir,
y yo hago vivir; yo hiero, y yo sano; y no hay quien pueda librar de mi mano.

El testimonio es claro: Dios lleva la responsabilidad final para la vida o para la muerte y para la salud o la enfermedad.

Afligido por Dios

Dios físicamente afligió a más personas, más a menudo que las que Él físicamente sanó. Por ejemplo:

Gen 12:17 – La casa de Faraón

Gen 16:2 – Sara

Gen 20:18 – La casa de Abimelec

Gen 30:2 – Raquel

Gen 32:22-32 – Jacob

Exod 4:6-7 – Moisés

Exod 12:29-30 – Los primogénitos de Egipto

Lev 10:1-2 – Abiú y Nadab

Núm 12:1-15 – Miriam

Núm 16:41-50 – Israel

Núm 21:4-9 – Israel

Núm 25:1-9 – Israel

1 Sam 1:5-6 – Ana

1 Sam 5:6, 9, 12 – Filisteos

2 Sam 12:1-23 – El pequeño hijo de David

2 Sam 24:1-17 – Israel

1 Rey 13:4 – Jeroboam

1 Rey 14:12,17 – El hijo de Jeroboam

2 Rey 5:20-27 – Giezi

2 Rey 19:35 – El ejército de Senaquerib

2 Cron 21:16-20 – Joram

2 Cron 26:16-21 – Uzias

Ezeq 24:16 – La esposa de Ezequiel

Dan 4:28-37 – Nabucodonosor

 

Los Métodos de Sanidad Variaban

Dios honró y, a veces, personalmente usó técnicas diversas para sanar físicamente.

  1. Oración

Gen 20:1-18 – Abraham

Núm 12:1-15 – Moisés

1 Sam 1:19-20 – Ana

1 Reyes 13:6 – Un hombre de Dios

1 Reyes 17:17-24 – Elías

 

  1. La mano en su pecho

Éxodo 4:6-7 – Moisés

 

  1. El límite de tiempo predeterminado por Dios

Dan 4:28-37 – Siete años

 

  1. Metiéndose siete veces en el río Jordán

2 Rey. 5:1-14 – Naamán

 

  1. Actos inexplicables

1 Reyes 17:17-24 – Elías

2 Reyes 4:18-37 – Eliseo

 

  1. Sin ninguna cosa

Gen 21:1-2 – Sara

Gen 29:31 – Lea

Gen 30:22 – Raquel

 

  1. Combinación de eventos

1 Reyes 17:17-24 – Oración y actos inexplicables
2 Reyes 20:1-11 – Oración y actos inexplicables
2 Reyes 4:18-37 – Oración y la medicina

 

  1. Mirando a una serpiente elevada

Num 21:4-9 – Israel

 

  1. Plaga bloqueada, pero sin sanidad física

Num 16:41-50 – Incienso ofrecido

Num 25:1-9 – Dos personas muertas

1 Sam 5:6, 9, 12 – Obediencia

2 Sam 24:1-17 – Tiempo límite predeterminado

 

  1. Medios desconocidos

Job 42:1-17 – Job

 

Enfermedad relacionada con el pecado

Dios directamente causó aflicción física en ocasiones por el pecado personal, aunque la persona físicamente afectada no sea siempre el pecador.

  1. El pecador no fue castigado

Éxodo 32:22-32 – Aarón

Num 12:1-15 – Aarón

 

  1. El pecador fue castigado

Lev 10:1-2 – Nadab y Abiú

Num 12:1-15 – Miriam

Num 16:1-50 – Coré

1 Reyes 13:4 – Jeroboam

Dan 4:28-37 – Nabucodonosor

 

  1. Alguien aparte del pecador fue castigado

Gen 12:17 – Toda la casa de Faraón

Gen 20:1-18 – La casa de Abimelec

2 Sam 12:1-23 – El pequeño hijo de David

2 Sam. 24:1-17 – La casa de Israel

1 Reyes 14:12, 17 – El hijo de Jeroboam

 

Enfermedades Inexplicables

Gen 27:1 – Isaac

Gen 32:22-32 – Jacob

2 Sam 4:4 – Mefi-boset

1 Rey 17:17-24 – El hijo de la viuda

2 Rey 4:18-37 – El hijo de la sunamita

Dan 7:28; 8:27 – Daniel

 

Dios Sanó A los Incrédulos

Gen 12:10-20 – La casa de Faraón

Gen 20:1-18 – La casa de Abimelec

1 Reyes 13:6 – Jeroboam

2 Reyes 5:1-14 – Naamán

2 Cron. 30:20 – Israel

Dan 4:34-37 – Nabucodonosor

 

Dios Restauraba la Vida

En el Antiguo Testamento, sólo tres personas experimentaron resurrección.

1 Reyes 17:17-24 – El hijo de la viuda de Sarepta

2 Reyes 4:18-37 – El hijo de la mujer sunamita

2 Reyes 13:21 – El hombre desconocido cuyo cuerpo tocó los huesos de Eliseo

 

Satanás Causó Enfermedad

Dios utilizó a Satanás como un agente para la enfermedad sólo una vez.

Job 1–2

 

Santos se Enfermaron

Algunos de los grandes santos del Antiguo Testamento estaban enfermos, pero no por causa directa del pecado personal.

Gen 27:1 – Isaac (no sanado)

Gen. 32:25 – Jacob (no sanado)

Gen 48:1 – Jacob (no sanado)

Éxodo 4:6-7 – Moisés (no sanado)

1 Reyes 14:4 – Ahías (no sanado)

2 Reyes 13:14 – Eliseo (no sanado)

Job 1-21; 42:10 – Job (sanado)

Dan 8:27 – Daniel (sanado)

Sin embargo esto podría tener la apariencia de un gran número de incidentes de sanidades, recuerde que ocurrieron en un período de tiempo que excede a dos mil años. Significativamente, una cantidad mucho menor de sanidades ocurrieron en miles de años en el AT que las que fueron experimentadas durante simplemente algunas décadas en el NT.

EL REGISTRO DE SANIDADES DE LOS EVANGELIOS

Nunca en la historia humana tantas personas han sido sanadas de semejante multitud de enfermedades en un tiempo tan breve como durante el ministerio público de tres años de Cristo. Este despliegue de sanidades nunca ha sido repetido. El ministerio sanidad de Cristo es verdaderamente único porque permanece inigualable.

Los Propósitos de la Sanidad

El ministerio de sanidad de Cristo sirvió para varias cosas; todas ellas primordialmente contribuyeron a autenticar a la persona de Jesús como el Mesías verdadero. Los milagros de sanidad nunca fueron realizados simplemente para el beneficio físico de las personas.
Mat 8:17 – Un cumplimiento de la profecía mesiánica en Isa 53:4

Mat 9:6 (también Marcos 2:10; Lucas 5:24) – De esta forma las personas sabrían que Cristo tuvo autoridad para perdonar pecados

Mat 11:2-19 (también Lucas 7:18-23) – Para autenticar el ministerio mesiánico a Juan el bautista, que estaba en prisión

Mat 12:15-21 – Para cumplir con la profecía mesiánica en Isa 42:1-4

Juan 9:3 – Para que las obras de Dios pudieran manifestarse en Cristo

Juan 20:30-31 – Para que la gente creyera que Jesús es el Cristo

Hechos 2:22 – Para que Dios autenticara a Cristo

La Sanidad tuvo un Propósito

Aunque los milagros de Jesús abundaron, Él no los realizó indiscriminadamente, ni tampoco sanó siempre a todo el que necesitaba sanidad (vea Juan 5:3-5); ni realizó señales cuando se le solicitaron (vea Mat 12:38-40); ni usaría Sus poderes para evitar la cruz (vea Mat. 26:52-53). Dios siempre dirigió los milagros hacia los propósitos previamente documentados.

 Mat 4:1-11 Mat 16:1-4 Mat. 27:40 Lucas 11:16
Mat 12:38-40 Mat 26:52-53 Marcos 6:5 Juan 5:3-5

La Sanidad fue Inmediata

Con tres excepciones, todas las sanidades de Jesús ocurrieron instantáneamente. No requirieron en absoluto un período recuperativo porque los enfermos inmediatamente recobraron la salud completamente. La ausencia de recaídas o malentendidos de los que fueron sanados, fue una marca de las sanidades de Cristo.

Mat 8:3 Mat 9:22 Mat 17:18 Lucas 13:13
Mat 8:13 Mat 9:29-30 Mat 20:34 Juan 4:53
Mat 8:15 Mat 15:28 Mar 3:1-6 Juan 5:8-9
Mat 9:6-7 Mat 15:30-31 Mar 7:33-35

Algunas Sanidades tuvieron Retrasos de Tiempo

Los únicos tres retrasos de una sanidad total incluyeron algunos minutos y no más. Los hombres involucrados recibieron sanidad total.

Marcos 8:22-26 Lucas 17:11-19 Juan 9:1-7

Las Sanidades fueron Abundantes

Los milagros de Jesús abundaron; Él sanó en número y alcance ilimitado.

Mat 4:23-25 Mat 14:35-36 Lucas 6:17-19 Juan 7:31
Mat 8:16 Mat 15:30-31 Lucas 7:21 Juan 12:37
Mat 9:35 Mar 1:32-34 Lucas 9:11 Juan 20:30
Mat 12:15 Mar 3:7-11 Juan 6:2 Juan 21:25

Sanidad en Ausencia

La sanidad ocurrió sin la presencia física de Jesús.

Mat 8:5-13 Mat 15:21-28 Lucas 7:1-10 Juan 4:46-54

 

Los Métodos de Sanidad Variaron

Al igual que con las sanidades del Antiguo Testamento, Jesús usó una colección variada de métodos para sanar. ¡Recuerde, el poder de Dios sanó! No había nada mágico en el método mismo que produjera sanidad.

  1. Cristo tocó (Mat 8:15; Mat 20:34; Lucas 13:13).
  1. Cristo habló (Mat 9:6-7; Mar 10:52; Juan 5:8-9).
  1. La enferma tocó el manto de Jesús (Mat 9:20-22; Mat 14:36; Lucas 8:44).
  1. Cristo usó saliva (Mar 8:22-26).
  1. Cristo tocó los oídos del hombre con Sus dedos y le puso saliva en la lengua (Mar 7:33-35).
  1. Cristo untó barro (Juan 9:6)

 

Cristo Aprobó a los Doctores

Jesús reconoció los medios normales de sanidad física: el médico y la medicina.

Mat 9:12 – “los sanos no tienen necesidad de médico, sino los enfermos.”

Lucas 10:30-37 – El samaritano usó aceite, vino, y vendajes para ayudar al judío abandonado.

 

Sanidad para la Gloria de Dios

Aunque la enfermedad puede directamente resultar del pecado personal, como se evidencia en el Antiguo Testamento, en ninguna parte de los relatos de los Evangelios se atribuye la enfermedad directamente al pecado personal. Sin embargo, la Escritura indica dos veces que la enfermedad ocurrió con el propósito de que Dios fuera glorificado.

Juan 9:1-41 – el hombre con ceguera congénita

Juan 11:1-53 – Lázaro

El Ministerio de Sanidad de Cristo fue Único

Otro ministerio de sanidad como el ministerio de Cristo nunca ha ocurrido.

Mateo 9:32-33 Marcos 2:12 Lucas 10:24 Juan 9:32

Cristo Esquivó la Aclamación

Jesús se esforzó en evitar la aprobación o recompensa pública por Sus milagros de sanidad. En Lucas 10:20, Jesús dijo explícitamente a los discípulos que no debían regocijarse en el poder que habían recibido, sino más bien que se regocijaran en el hecho de que sus nombres estaban escritos en el cielo.

Mat 8:4 Mar 1:44 Mar 8:26
Mat 9:30 Mar 5:43 Lucas 5:14
Mat 12:16 Mar 7:36 Lucas 8:56

 

Las Sanidades fueron Innegables

Las sanidades de Cristo generaron una reacción fenomenal del espectador. Todos, incluyendo sus enemigos, se alejaron asombrados, pasmados, e incapaces de negar o desacreditar los milagros.

Mat 9:1-8 Mar 3:6 Lucas 18:43
Mat 9:33 Mar 3:10 Juan 9:1-41
Mat 12:23 Mar 5:20 Juan 11:47-48
Mat 15:31 Mar 7:37
Mar 2:12 Lucas 11:14

Reacciones Nacionales

El rango geográfico de reacción alcanzó proporciones a escala nacional. Marcos 1:45 describe el hecho de que las noticias del ministerio de sanidad de Cristo se propagaron hasta el punto de que no podía entrar a la ciudad. Si bien Él se quedó en las áreas deshabitadas, la gente venía a Él de todas partes.

Mat 4:23-25 Mat 9:31 Mat 15:30 Mar 1:45
Mat 9:26 Mat 14:35 Mat 19:2 Mar 6:2

 

La Santidad No Necesariamente Salvó

Aunque los milagros de Cristo no podían ser negados, no llevaron necesariamente a la fe.

  1. Fueron innegables (Juan 3:2; Juan 7:25-46; Juan 11:4-48)
  1. No condujeron a la fe (Mat 11:21-23; Mat 12:38-45; Lucas 10:12-15; Juan 6:26-36; Juan 12:37-43)

Cristo Sanó a Incrédulos

Dondequiera que Él sanó a las multitudes, puede ser asumido que la mayoría, si no es que todos, eran incrédulos.

Mateo 8:1-4 – El leproso

Lucas 17:11-19 – Diez leprosos

Juan 5:1-9 – El cojo en la piscina


La Fe No Era Necesaria

Jesús no requirió una fe personal para sanar. Además de los siguientes ejemplos, es obvio que Lázaro, la hija de Jairo, y el hijo de la viuda fueron incapaces de manifestar fe. Aun así, todos ellos fueron resucitados de la muerte.

Mat 8:14 Mat 12:22 Mar 8:22 Lucas 22:51
Mat 9:32 Mat 20:30 Lucas 14:4 Juan 5:8
Mat 12:13 Mar 7:35 Lucas 17:14 Juan 9:1

Se Honra la Fe de Otro

A veces, Cristo sanó cuando otro aparte del afligido exhibió fe. Note especialmente Mateo 17:19-20. Los discípulos habían sido incapaces de expulsar a un demonio y vinieron a Jesús en privado para mayor instrucción. Él les dijo que era debido a su falta de fe. El pasaje paralelo en Marcos agrega que la oración habría provisto éxito (9:29). Los que afirman que una persona no es sanada por su falta de fe deben ser alertados y corregidos.

 Mat 8:10-11  Mat 15:28  Mar 9:23-24  Juan 4:50
 Mat 9:2  Mar 2:1-5  Lucas 8:50

La Fe del Afligido Honrada

Ocasionalmente, Cristo alabó la fe del afligido.

Mat 9:22 Mat 9:29 Mar 10:52

 Las Sanidades No Estaban Planeadas de Antemano

  1. Él sanó desde el principio de Su ministerio (Mat 4:23-25) hasta el fin (Juan 11:1-44)
  2. A menudo Jesús se acercó a la persona (Lucas 13:10-17; Juan 5:1-9).
  3. Jesús siempre sanó durante el curso normal de Su ministerio (Mat 9:27-31; Mat 12:10-14; Lucas 13:10-17; Juan 5:1-9).

Satanás y los Demonios Causaron Enfermedad

          No toda enfermedad es causada directamente por Satanás o los demonios, sino que las personas poseídas por demonios son susceptibles a tener enfermedades físicas. Lucas 13:10-17 sirve de ejemplo clásico – donde una señora que había sido atada por Satanás (probablemente a través de un demonio) y había estado encorvada por dieciocho años.

 Mat 4:24  Mat 12:22  Mar 1:32-34  Lucas 13:10-17
 Mat 8:16-17  Mat 15:21-28  Mar 9:25  Hechos 10:38
 Mat 9:32-33  Mat 17:14-18  Lucas 8:2

El Poder Celestial de Sanidad

Debido a que Cristo había abandonado voluntariamente el ejercicio independiente de Sus atributos divinos, Su poder sanador se originó del Padre Eterno.

Mat 12:28 – Él expulsó a demonios por el Espíritu de Dios

Lucas 5:17 “Y el poder del Señor estaba con él para sanar”

Lucas 11:20 – Él expulsó demonios por el dedo de Dios

Juan 5:19 – “…no puede el Hijo hacer nada por sí mismo”

Hechos 2:22 – “…prodigios y señales que Dios hizo entre vosotros por medio de él”

Hechos 10:38 – Cristo sanó porque Dios estaba con Él

La Sanidad por los Discípulos

Otras personas aparte de Cristo sanaron en los relatos de los Evangelios.

Mat 10:1-15 – Yendo sólo a la ovejas perdidas de la casa de Israel (vea 10:6), todas las necesidades de los discípulos fueron satisfechas sobrenaturalmente por Dios. No debían llevar nada en sus excursiones de predicación y sanidad.

Lucas 10:1-16 – Otros setenta fueron comisionados de modo semejante a los doce.

Tan espectaculares como se leen en los capítulos anteriores en Hechos respecto a la sanidad, parecen nada cuando son comparados a las sanidades interminables por Jesús. El registro de sanidad de los Evangelios incuestionablemente está en una liga propia. Las sanidades de Cristo superan en mucho, en cantidad, a todos los demás sanidades en la Biblia en su conjunto.

 EL REGISTRO DE SANIDAD EN HECHOS

El ministerio sanador en Hechos se lee con menos intensidad cuándo es comparado al de Cristo, aunque Hechos cubre aproximadamente treinta años. Sin embargo, en una base de comparación de tiempo, Hechos tiene mucho más sanidades que todo el Antiguo Testamento. Las epístolas del NT parecen casi áridas de sanidades cuando se comparan a Hechos.

Las Técnicas de Sanidad Variaron

Las técnicas de sanidad fueron variadas en Hechos, como también lo fueron en el Antiguo Testamento y los Evangelios.

  1. Mediante mandato (Hechos 3:6; 9:32-35; 14:8-10)
  2. Por la sombra del sanador (Hechos 5:15)
  3. Al tocar la prenda de vestir del cuerpo del sanador (Hechos 9:11, 12)
  4. Por oración o la imposición de manos (Hechos 28:8-9)
  5. Al hablar (Hechos 9:17-18)

La Sanidad fue Inmediata

Todas las sanidades en Hechos ocurrieron instantáneamente; no requirieron de un período de recuperación. El afligido experimentó restauración inmediata de la salud total.

 Hechos 3:7-8  Hechos 14:8-10  Hechos 14:19-20  Hechos 20:9-12

 Incrédulos Sanados

 Hechos 5:16  Hechos 8:6-7  Hechos 19:11-12  Hechos 28:8-9

 Se Honró la Fe del Enfermo

 Hechos 3:16  Hechos 14:8-10

 La Fe No Fue Necesaria

Los sanadores apostólicos no necesariamente demandaron una fe personal del enfermo.

 Hech 5:16  

Hech 9:36-43

 

 

Hechos 19:11-12

 

 Hechos 20:9-12  Hechos 28:8-9

La Sanidades Fueron Innegables

Los milagros de sanidad no pudieron negarse – aun por el sanedrín.

 Hechos 2:43  Hechos 4:15-17  Hechos 14:3

Los Demonios Causaron Enfermedades

 Hechos 8:7  Hechos 10:38

Enfermedad Relacionada con el Pecado

Algunas veces Dios afligió debido a pecado personal

 Hechos 5:1-11  Hechos 9:8  Hechos 12:23  Hechos 13:4-12

Vida Restaurada

Ocurrieron dos resurrecciones.

Hechos 9:36-43 – Dorcas (por Pedro)

Hechos 20:9-12 – Eutico (por Pablo)

Enfermedad Impedida

 Hechos 28:1-6

 Poder Celestial de Sanidad

 Hechos 4:30

 Los Santos Tuvieron Enfermedades

Hechos 9:36-43 – Dorcas

Hechos 14:19 – Pablo

 Sanidad en Ausencia

 Hechos 19:11-12

 Todos Fueron Sanados

 Hechos 28:9

Como era de esperarse, la calidad de las características de estas sanidades correspondió a las de Cristo. Sin embargo, la cantidad ni siquiera se aproximó a las sanidades, tan numerosas para contar, hechas por Jesús.

 

EL REGISTRO DE SANIDADES DE LAS EPÍSTOLAS

Dios usó señales, milagros, y prodigios para autenticar a los apóstoles y su ministerio (Rom 15:18-19; 2 Cor 12:12; Heb 2:4). La certificación de los apóstoles primordialmente explica las acciones milagrosas de hombres, no la simple sanidad de los santos.

Las sanidades sobrenaturales espectaculares estaban entre las señales exhibidas por los apóstoles y por aquellos con quienes personalmente ministraron. Si los apóstoles mismos o aquellos con quienes ministraron hicieron señales, estas fueron diseñadas para atestiguar la autoridad de los apóstoles como reveladores de la verdad (vea Hechos 2:42, 43).

Si se suponía que todos los cristianos realizarán tales acciones, esas acciones no pudieron haber servido de señales de apostolado (vea 2 Cor. 12:12). Las señales atestiguaron que las palabras de los apóstoles tenían igual autoridad que la de Jesús mismo, pues Él los había escogido como Sus portavoces (vea Mat 10:11-15, 20, 40; 1 Cor 14:37).

Medicina Aprobada

Pablo reconoció y recomendó la medicina.

 1 Tim 5:23

 

Enfermedad Relacionada con el Pecado

Santiago 5:14-20 da la respuesta bíblica para las enfermedades severas o inoportunas y físicas que probablemente, pero no necesariamente, pudieran tener su fuente en el castigo de Dios por el pecado personal.

El Declive de la Sanidad

La frecuencia de la sanidad de Pablo declinó con el paso del tiempo.

Gal 4:13-15 – Pablo estaba enfermo

Fil 2:25-30 – Epafrodito estaba enfermo

1 Tim 5:23 – Timoteo estaba enfermo

2 Tim 4:20 – Trófimo estaba enfermo

Ni Juan ni Pedro mencionan ejemplos de sanidad históricos del primer siglo en sus epístolas y Apocalipsis.

La sanidad es notable en el Antiguo Testamento (por 4,000 años), impresionante en los Evangelios (aproximadamente tres años), ocasional en Hechos (aproximadamente treinta años), e insignificante en las epístolas (aproximadamente cuarenta años). La era apostólica terminó y la sanidad milagrosa por intervención directa humana cesó. Las subsiguientes y supuestas sanidades señaladas por historiadores antiguos de la iglesia no se comparan con el registro bíblico con relación a la calidad milagrosa de la sanidad, instantánea, total e innegable.

LAS EXPECTATIVAS PROFÉTICAS DE SANIDAD

Cuando Juan el Bautista dudó si Jesús verdaderamente era el Mesías o si él debería esperar a alguien más, Juan envió a sus discípulos a Jesús por una respuesta (Mat 11:2-19; Lucas 7:18-23). En respuesta, Cristo primero sanó, y luego les dijo a los hombres de Juan que informaran estos acontecimientos milagrosos a Juan, recordando a Isa. 35:5-6.

En otra ocasión, Jesús sanó para cumplir Isa. 42:1-4 (Mat 12:15-21). La sanidad en Marcos 7:31-37 se refiere a Isa. 35:5-6. En esas ocasiones, Jesús sanó para ver con antelación el poder de Su reino como una credencial adecuada con el fin de ser correctamente reconocido como el Rey de Israel.

Estos despliegues abruptos breves de poder en los Evangelios señalaron algo aun a futuro que el Antiguo Testamento (especialmente Isaías) había predicho. La Biblia anticipa dos períodos futuros cuándo la sanidad humana será dramáticamente mejorada – El Milenio y la Eternidad Futura.

  El Milenio

 Isa 29:18-19  Isa 33:24  Isa 42:7-16  Miq 4:6-7
 Isa 32:3-4  Isa 35:5-6  Isa 65:19-20, 22  Zac 3:19

La Eternidad Futura

 Isa 25:8  1 Cor 15:54  Apoc 21:4  Apoc 22:2

 

LA PROMESA DE DIOS DE SANIDAD

          Mientras este estudio no podría decidir cada asunto concluyentemente, una cosa si es cierta – la Biblia contiene una promesa de sanidad. Muchos la han malentendido. Vea 1 Pedro 2:24 cuidadosamente:

Quien llevó él mismo nuestros pecados en su cuerpo sobre el madero,
para que nosotros, estando muertos a los pecados, vivamos a la justicia;
y por cuya herida fuisteis sanados.

¿Lo puede ver? “Por cuya herida fuisteis sanados.”[28] ¿Qué quiere decir Pedro? ¿Cómo se aplica esto a usted y a mí en esta vida? Si tiene aplicación físicamente, entonces ¿por qué no están todos los cristianos sanados? ¿Ha fallado la Palabra de Dios? ¿Ha perdido Dios Su toque sanador? ¿Están equivocadas las Escrituras?

Dos verdades fundamentales nos dan una base correcta para entender a Pedro y a la sanidad divina. Primero, cada ser humano, cuándo es concebido, posee un defecto espiritual congénito – una discapacidad de pecado que necesita ser sanada. Segundo, Pedro se refiere a nuestra necesidad de restauración espiritual en 1 Pedro 2:24 con su argumento de la provisión de Cristo de la sanidad de la salvación.

Con esos dos pensamientos en mente, mire de cerca las partes de 1 Pedro 2:24-25. Luego, siendo re-ensambladas, usted podrá comprender el todo porque las partes han sido identificadas. Nuestro texto explica cinco elementos de la salvación:

  1. El hecho de la salvación (verso 24a): “Quien llevó él mismo nuestros pecados en su cuerpo sobre el madero”
  2. Los propósitos de la salvación (verso 24b): “…a fin de que muramos al pecado y vivamos a la justicia (LBLA).”
  3. El medio de salvación (verso 24c): “…por cuya herida fuisteis sanados.”
  4. La necesidad para la salvación (verso 25a): “Porque vosotros erais como ovejas descarriadas.”
  5. El resultado de la salvación (verso 25b): “…pero ahora habéis vuelto al Pastor y Guardián de vuestras almas (LBLA).”

Primera de Pedro 2:24 tiene todo que ver con la sanidad espiritual, la cuál la Biblia llama salvación. De hecho, 1 Pedro 2:18-25 quiere decir simplemente lo opuesto de lo que la mayoría de los defensores de la sanidad enseñan. Pedro sostiene la opinión de que puesto que Cristo físicamente y espiritualmente sufrió por nuestra sanidad espiritual (vv. 21-24), entonces deberíamos estar dispuestos a sufrir físicamente en esta vida a manos de los  hombres (vv. 18-21), porque ya hemos recibido la promesa de sanidad de Dios para la salvación eterna (vv. 24-25). Pedro realmente valida el propósito divino en el sufrimiento humano en vez de eliminarlo.

A menos que comencemos con esta perspectiva eterna, nunca comprenderemos bíblicamente cómo Dios obra en los asuntos físicos del género humano en esta vida. Las buenas noticias son que los cristianos verdaderos están seguros en su salvación. La otra noticia importante para saber es que no todos los beneficios de la salvación serán recibidos hasta que nuestros cuerpos hayan sido resucitados de la tumba (1 Cor 15:42-44, 52-54). Después de que Dios comienza nuestra salvación, todos los cristianos aun pecan, aun sufren de mala salud, y eventualmente morirán. Sin embargo, al final, los creyentes divinamente perfeccionados morarán por siempre en presencia de un Dios santo (Apoc 21:1-8).

CONCLUSIÓN

Después de todo lo que ha sido estudiado y ha sido escrito, creo que la Biblia enseña que Dios puede soberanamente elegir sanar a quienquiera y cuando quiera, pero eso no será un suceso frecuente ni se hará a través de sanadores humanos porque:

  1. El evangelio son buenas noticias acerca de nuestro problema del pecado, no de nuestras enfermedades (Rom 3:23; 6:23).
  2. La expiación de Cristo enfoca primordialmente la atención en nuestros pecados (iniquidades), y no en nuestras enfermedades (Lev 16:1-34; Isa 53:5-6, 11-12; 1 Ped 2:24).
  3. Cristo murió por nuestros pecados y no por nuestras enfermedades (1 Cor 15:3).
  4. Cristo fue hecho pecado, no enfermedad (2 Cor 5:21).
  5. Cristo perdonó nuestros pecados, no nuestras enfermedades (1 Juan 2:12).
  6. Cristo se dio por nuestros pecados, no por nuestras enfermedades (Gal. 1:4).
  7. Nuestros cuerpos son corruptibles y, así, sujetos a enfermedad (1 Cor 15:42-44).
  8. Todos moriremos físicamente (Heb 9:27).
  9. La “promesa de sanidad” del NT se refiere a la salvación, no a la sanidad física (1 Ped 2:24).
  10. Nuestra esperanza en la tierra está en el cielo, no en la sanidad (Rom 8:24-25).

Aunque la señal/autenticación del NT de “dones de sanidades” ha cesado, la posibilidad de que Dios sane sin sanadores humanos es ciertamente posible hoy. Sin embargo, cuando Él sana, será caracterizado en una manera similar a Sus sanidades registradas en la Escritura.[29]

[1] Jack Deere, Surprised By the Power of the Spirit (Grand Rapids: Zondervan, 1993) 114. Vea a Richard L. Mayhue, “Who Surprised Whom? The Holy Spirit or Jack Deere?,” The Master’s Seminary Journal 5:2 (Fall 1994):123-40, para una crítica y revisión más a fondo de la posición no-cesacionista de Deere.

[2] Las siguientes obras, totalmente o en parte, desarrollan el debate histórico, la evidencia, la exégesis, y el argumento teológico que conduce a la perspectiva del cesacionismo. Walter J. Chantry, Señales de los Apóstoles: Observaciones sobre el Pentecostalismo Antiguo y Nuevo, 2d ed. (Edimburgo: El Estandarte de Verdad, 1976); Thomas R. Edgar, Miraculous Gifts: Are they For Today? (Neptune, N.J.: Loizeaux, 1983); John F. MacArthur, Los Carismáticos (Casa Bautista); Richard Mayhue, La Promesa de Sanidad (Portavoz 1995); Robert L. Thomas, Comprendamos los Dones Espirituales, ed. Rev. (Grand Rapids: Kregel, 1999) 154-204; B. B. Warfield, Milagros Falsificados, 1918 reimpresión (Edimburgo: Estandarte de Verdad, 1972).

[3] Para una presentación representativa del caso para el no-cesacionismo, lea a Wayne Grudem, Teología Sistemática (Grand Rapids: Zondervan, 1994) 1031-46.

[4] Richard Mayhue, La Promesa de Sanidad, (Editorial Portavoz, 1995).

[5] Para un resumen bien documentado del ministerio y enseñanzas de Hinn, lea a Hank Hanegraaff, Cristianismo en Crisis (Eugene, Ore.: Harvest House, 1993) 33-34, 339-45. También a William Lolodell, “The Price of Healing,” Los Angeles Times Magazine (27 de Julio, 2003):20, 30-32.

[6] Benny Hinn, The Anointing (Nashville: Thomas Nelson, 1992) 59-60.

[7] Benny Hinn, Señor Necesito un Milagro (Nashville: Thomas Nelson, 1993) 63.

[8] Ibid.

[9] Ibid. 74-75.

[10] Ibid.,79, 81, 83-84.

[11] Ibid., 85-87.

[12] Ibid., 58-62.

[13] Ibid. 67, 72.

[14] Ibid., 100-102.

[15] Benny Hin, La Unción, p.148.

[16] Stephen Strang, “Benny Hinn Speaks Out,” Charisma (Agosto, 1993):28.

[17] Este debate ha sido modelado de William C. Moore, “Nine half-truths on Healing,” Eternity (Mayo, 1983): 36-38.

[18] C. Everett Koop, “Faith-Healing and the Sovereignty of God,” en The Agony of Deceit, ed. Michael Horton, (Chicago: Moody Press, 1990) 179-80.

[19] Para una discusión completa vea a Robert L. Thomas, Understanding Spiritual Gifts (Chicago: Moody Press, 1978), pp. 40-42, 82-83.

[20] J. Sidlow Baxter llegó esencialmente a esta misma conclusión en Divine Healing of the Body (Grand Rapids: Zondervan, 1979) 281-83, así como D.A. Carson, Showing the Spirit (Grand Rapids: Baker, 1987) 39-40.

[21] Ibid., 123.

[22] Ibid., 155-80.

[23] Ibid., 157.

[24] Jack Deere, Surprised, 64-68.

[25] Ibid., 18-19, 99-115.

[26] Ibid., 58.

[27] La siguiente información ha sido tomada de The Biblical Pattern from Divine Healing de Richard L. Mayhue (Sun Valley, Clif.: Grace Books Int’l, 2002).

[28] Vea a Richard Mayhue, “For Whom Did Christ Atone Isaiah 53:4-5?”, The Master’s Seminary Journal 6:2 (Fall 1995): 121-41 para un tratamiento mas completo del texto del AT el cual 1 Pedro 2:24 cita.

[29] Artículo original en Inglés: https://www.tms.edu/m/tmsj14j.pdf

Nota: Puedes bajar este artículo en formato PDF haciendo clic aquí: Dones de Sanidades – Mayhue

¿Qué es la Predicación Expositiva?

21 Sep

Preaching 2

Por la gracia de Dios, Latinoamérica está experimentando el surgimiento de doctrinas bíblicas e históricas y junto con esto un interés en la predicación expositiva. En un artículo previo compilé una lista de los libros de predicación que más han impactado a fieles predicadores y que están disponibles en español. Mi deseo ahora es ofrecer una serie de definiciones de la predicación expositiva.

Esto es muy necesario ya que a pesar del nuevo interés por esta forma de predicación (la cual considero como la única forma de predicación auténticamente bíblica) todavía hay muchos que no han logrado comprender los elementos básicos y vitales de esta. Solo me resta decir que espero que Dios sea glorificado en la fiel exposición de su Palabra para que muchos en este continente vengan a los pies del Salvador y para que su iglesia sea correctamente edificada y ande “como es digno del Señor, agradándole en todo, llevando fruto en toda buena obra.”


 Daniel L. Akin

Akin

“La predicación expositiva es la predicación que es impulsada por el texto y que hace honor a la verdad de las Escrituras como fue dada por el Espíritu Santo. Su objetivo es descubrir el significado inspirado por Dios a través de la investigación e interpretación histórica, teológica y gramatical. Por medio de la proclamación atractiva y convincente, el predicador explica, ilustra y aplica el significado del texto bíblico en su presentación y en el poder del Espíritu Santo, predicando a Cristo para un veredicto de vidas cambiadas.” [1]


 Juan Calvino

Calvin

“La predicación es la exposición pública de las Escrituras por el hombre enviado por Dios, en la que Dios mismo está presente en el juicio y en la gracia.” [2]


  Bryan Chapell

Chapell

“Un sermón expositivo se puede definir como un mensaje cuya estructura y pensamiento se derivan de un texto bíblico, que cubre el alcance del texto, y que explica las características y contexto del texto con el fin de divulgar los principios perdurables para un pensamiento, vida, y adoración fieles destinados por el Espíritu, quien inspiró el texto.” [3]


  Mark Dever

dever4

“La predicación expositiva es predicación en la que el punto principal del texto bíblico siendo considerado se convierte en el punto principal del sermón que se predica. No estamos diciendo que la predicación expositiva tiene que ser verso por verso a través de un libro de la Biblia. No estamos diciendo que la predicación expositiva descarta la predicación temática como una práctica legítima. No estamos diciendo que la predicación expositiva es sólo una serie de charlas, cuyo objetivo principal es la transferencia de información.” [4]


Michael Fabarez

Fabarez

“A pesar de que una buena cantidad de confusión y debate rodean la etiqueta de ‘predicación expositiva,’ es apropiado resumir la esencia de la predicación expositiva de esta manera y con estos componentes primarios:

(1) deriva claramente su contenido de la Biblia;

(2) explica con precisión lo que dice la Biblia; y

(3) efectúa el cambio que Dios quiere que la Biblia efectúe.”[5]


 Sidney Greidanus

sidney-greidanus

“La predicación expositiva, como su nombre lo indica, es exponer, establecer, el significado del texto escogido en sus contextos. Merrill Unger ha proporcionado una buena descripción de la predicación expositiva: el manejo del texto ‘de tal manera que su significado real y esencial, tal como existía en la mente del escritor bíblico en particular y como existe a la luz sobre todo el contexto de la Escritura se hace llano y se aplica a las necesidades presentes de los oyentes.” (Sidney Greidanus citando a Merrill Unger) [6]


 David Helm

david-helm

“La predicación expositiva es la predicación poderosa que somete correctamente la forma y el énfasis del sermón a la forma y el énfasis del texto bíblico.” (Baja este libro gratis en PDF aquí) [7]


Jack Hughes

Hughes

“El contenido de la predicación expositiva es la palabra de Dios. El método para obtener el sermón es la aplicación del método histórico, gramatical de interpretación y exégesis. La calidad del sermón es la precisión al texto de la Palabra de Dios. El objetivo de la predicación expositiva es representar o exponer para ver o claramente revelar lo que Dios y los autores de las Escrituras quisieron decir con lo que dijeron, exactamente y completamente. El propósito práctico de la predicación expositiva es mostrar cómo el texto de la Escritura se ha de aplicar en la vida del creyente. El sermón expositivo también debe ser aplicado personalmente por el predicador y entregado en el poder del Espíritu Santo. El modo de entrega es la predicación pública o proclamación. La predicación expositiva es ‘la predicación cristiana,’ ‘la auténtica predicación’ y ‘la predicación bíblica.’” [8]


Steve Lawson

Lawson

“Esta es la verdadera naturaleza de la predicación. Es el hombre de Dios abriendo la Palabra de Dios y exponiendo sus verdades para que la voz de Dios sea escuchada, la gloria de Dios vista, y la voluntad de Dios obedecida.” [9]


John MacArthur

MacArthur 2

“La única respuesta lógica a la Escritura infalible, es predicarla de forma expositiva. Por expositiva quiero decir predicarla de tal manera que el significado del pasaje bíblico se presente completa y exactamente como Dios quería. La predicación expositiva es la proclamación de la verdad de Dios tal y como es mediada a través del predicador.” [10]


Richard Mayhue

Mayhue

“La exposición normalmente se concentra en un texto de la Escritura, pero algunas veces es posible que un mensaje temático-teológico o histórico-biográfico sea de naturaleza expositiva.”[11]

1. El mensaje halla su única fuente en la Escritura.

2. El mensaje es sacado de la Escritura mediante una exégesis cuidadosa.

3. La preparación del mensaje interpreta correctamente la Escritura en su sentido normal y en su contexto.

4. El mensaje explica claramente el significado original que Dios procuraba para la Escritura.

5. El mensaje aplica el significado actual de la Biblia. [12]


Wayne McDill

McDill

Siete cualidades de la auténtica predicación expositiva:

(1) En la predicación expositiva el primer objetivo del predicador es descubrir el significado teológico previsto por el escritor en el texto seleccionado.

(2) La predicación expositiva es aquella en la que el predicador trata de dejar que el texto hable de nuevo a través del sermón con el mismo mensaje teológico.

(3) El predicador de sermones expositivos descubre el significado del texto a través de un análisis exegético cuidadoso del texto en todos sus detalles.

(4) La predicación expositiva requiere una cuidadosa consideración de los contextos en los que el texto fue escrito originalmente.

(5) El sermón expositivo se organiza con la debida consideración a la estructura y el género del pasaje seleccionado.

(6) El predicador expositivo tratará de influir a la audiencia a través de la utilización de elementos retóricos comunes a la persuasión. [13]


Phil Campbell y Gary Millar

Campbell & Millar

“Pablo dice en 2 Corintios 4 que debemos comprometernos con ‘la manifestación de la verdad.’ La palabra griega que usa, según el léxico griego-inglés de Louw y Nida, significa ‘hacer que algo se conozca totalmente al revelarlo con claridad y en detalle – ‘dar a conocer, hacer claro, revelar, traer a la luz, revelar, revelación.’ La clave para la predicación, entonces, es hacer que el mensaje del texto sea obvio. Ayudar a que la gente lo vea y lo sienta. Ayudar a las personas a comprender el texto. Pablo está hablando de lo que yo llamaría ‘predicación expositiva,’ en la que el mensaje del texto es el mensaje del sermón.” [14]

“Donde Dios está explicando algo, tenemos que ayudar a la gente a entenderlo. Donde Dios nos está advirtiendo, tenemos que ayudar a la gente a sentir la urgencia y el peso de eso. Cuando Dios quiere conseguir nuestro amor, tenemos que ayudar a la gente a sentir la fuerza de su amor. Cuando Dios nos está corrigiendo, tenemos que mostrar a la gente que van por el camino equivocado y ayudarles a que vuelvan al camino. Donde Dios está confortando a su gente, vamos a querer que la gente sienta la seguridad y la calidez de su consuelo. Y eso, en pocas palabras, es la predicación expositiva.” [15]


Al Mohler

Mohler

“La predicación expositiva es el método de la predicación cristiana que tiene como propósito central la presentación y aplicación del texto bíblico. Todos los otros asuntos están subordinados al deber central de presentar el texto bíblico. Como la Palabra de Dios, el texto bíblico tiene el derecho de establecer tanto la sustancia como la estructura del sermón. Una exposición genuina es aquella en la cual el predicador explica el significado y el mensaje del texto bíblico, y deja claro que la Palabra de Dios establece la identidad y la cosmovisión de la Iglesia como el pueblo de Dios.” [16]


Stephen Olford & David Olford

Olford's Edited

“La predicación expositiva es la explicación autorizada del Espíritu y la proclamación del texto de la Palabra de Dios con la debida atención al significado histórico, contextual, gramatical y doctrinal del pasaje dado, con el objeto específico de invocar una respuesta transformadora de Cristo.” [17]

“Un sermón es la proclamación de la Palabra de Dios sólo si el texto de la Palabra es expuesto con precisión y predicado. Así, en el sentido más estricto del término, auténtica predicación es la predicación expositiva.” [18]


 J.I. Packer

Packer

“La verdadera idea de la predicación [expositiva] es que el predicador debe convertirse en portavoz de su texto, desplegándolo y aplicándolo como una palabra de Dios para sus oyentes, …para que el texto pueda hablar …y ser escuchado, de tal manera que haciendo que en cada punto de su texto [su audiencia] pueda discernir [la voz de Dios].” [19]


 Haddon W. Robinson

Haddon-W-Robinson

“Predicar es un proceso vivo que involucra a Dios, al predicador y a la congregación, y ninguna definición puede pretender maniatar esa dinámica. Pero igualmente debemos intentar una definición que resulte. La predicación expositiva es la comunicación de un concepto bíblico, derivado de, y transmitido por medio de, un estudio histórico, gramatical y literario de cierto pasaje en su contexto, que el Espíritu Santo aplica, primero, a la personalidad y la experiencia del predicador, y luego, a través de este, a sus oyentes.” [20]


 John Stott

Stott

“Mi argumento es que toda predicación cristiana verdadera tiene carácter expositivo. Ciertamente, si por sermón “expositivo” se entiende una explicación versículo a versículo de un extenso pasaje de las Escrituras, ello es solo una forma posible de predicar, pero esto sería un mal uso de la palabra. En su uso debido “exposición” tiene un significado mucho más amplio. Se refiere al contenido del sermón (verdad bíblica) más que al estilo (un comentario en serie). Exponer las Escrituras es extraer lo que se encuentra en el texto y dejarlo a la vista. El expositor expone por fuerza lo que parece estar oculto, da claridad a lo que parece confuso, deshace los nudos y desarma lo que parece un paquete difícil. Lo opuesto a la exposición es la imposición, es decir, imponer sobre el texto algo que éste no incluye. El “texto” en cuestión puede ser un versículo, una oración gramatical o incluso una sola palabra. De igual forma puede tratarse de un párrafo, un capítulo o todo un libro. El tamaño del texto no tiene importancia siempre que éste sea bíblico; importa lo que hagamos con él. Ya sea breve o extenso, nuestra responsabilidad como expositores es hacer que se exponga de tal modo que transmita su mensaje clara, simple, y exactamente, en forma pertinente, sin adiciones, sustracciones o falsificación. En el contexto de la predicación expositiva, el texto bíblico no es una introducción convencional a un sermón sobre otro tema completamente diferente, ni una muletilla cómoda para colgar un montón de pensamientos diversos, sino un maestro; es quien dicta y controla lo dicho.” [21]


 Merrill F. Unger

Merrill Unger

“La Palabra de Dios hecha simple y aplicada a las necesidades actuales de los oyentes. No es (enfáticamente) predicar acerca de la Biblia, pero predicar la Biblia. ‘Lo que ha dicho el Señor’ es el alfa y el omega de la predicación expositiva. Comienza en la Biblia y termina en la Biblia y todo lo que interviene surge de la Biblia. En otras palabras, la predicación expositiva es la que se centra en la Biblia.” [22]


 Jerry Vines & Jim Shaddix

Vines & Shaddix

“Un sermón expositivo, entonces, se puede definir de la siguiente manera: Un discurso que expone un pasaje de la Escritura, se organiza en torno a un tema central y las divisiones principales que brotan del texto determinado, y luego aplica su mensaje de manera decisiva a los oyentes.” [23]


 

[1] Daniel L. Akin, Bill Curtis, and Stephen Rummage, Engaging Exposition, 2.

[2] Citado en John Blanchard, comp. Gathered Gold, 238.

[3] Bryan Chapell, Christ-Centered Preaching, 31.

[4] Mark Dever and Greg Gilbert, Preach: Theology Meets Practice, 36–37.

[5] Michael Fabarez, Preaching that Changes Lives, 15.

[6] Sidney Greidanus, Preaching Christ from the Old Testament, 231.

[7] David Helm, La predicación Expositiva, 14.

[8] Jack Hughes, Expository preaching with Word Pictures, 16.

[9] Steve Lawson, Famine in the Land: A Passionate Call for Expository Preaching, 18.

[10] John MacArthur, La Predicación: Cómo Predicar Bíblicamente, 41.

[11] Richard L. Mayhue en John MacArthur, La Predicación: Cómo Predicar Bíblicamente, 25

[12] Idem, 29.

[13] Wayne McDill, Essential Skills for Great Preaching, 8–9.

[14] Gary Millar and Phil Campell, Saving Eutychus: How to Preach God’s Word and Keep People Awake, 29.

[15] Idem., 30–31.

[16] Al Mohler, Proclame la Verdad, 66.

[17] Stephen F. Olford, David Olford, Guía de Predicación Expositiva, 70-71.

[18] Ibid, 4.

[19] J. I. Packer, “The Lost Word,” en God Has Spoken, 28.

[20] Haddon W. Robinson, La Predicación Bíblica, 18.

[21] John R. W. Stott, La Predicación: Puente entre Dos Mundos, 120.

[22] Merrill F. Unger, Principles of Expository Preaching, 33.

[23] Jerry Vines and Jim Shaddix, Power in the Pulpit: How to Prepare and Deliver Expository Sermons, 29.